Mateo 19, 16-22: Si quieres ser perfecto

El ojo de la aguja

Lectio de Mateo 19, 23-30

P. Fidel Oñoro cjm

 

Cuando el joven rico da media vuelta y se va en dirección contraria al seguimiento, lleno de tristeza, Jesús toma la palabra para pronunciar una enseñanza: “*Les aseguro que es muy difícil que un rico entre en el Reino de los cielos*’ (Mt 19, 23).

 

Y lo enfatiza con el ejemplo de la dificultad de un camello para pasar por el ojo de una aguja.

 

Quiere decir que para un rico no es imposible entrar en el Reino, pero sí la tiene difícil, porque las riquezas que poseen le roban espacio en el corazón, porque obstaculizan su apertura.

 

Jesús no se refiere aquí al hecho evidente del trabajar para vivir dignamente, se refiere a la posesión que te atrapa.

 

Si volvemos al sermón de la montaña veremos que el problema no es el tener sino el atesorar, el acumular (Mt 6,19-34). Lo cual implica una preocupación constante que hace que la atención y el corazón se enfoquen en las cosas.

 

Con el dicho, lo que Jesús subraya es cuánto esfuerzo le requiere a quien posee muchos bienes el entrar en la lógica del Reino.

 

La imagen del pequeño orificio en una aguja, probablemente para tejer la lana o coser las carpas, nos remite a otra imagen, la de la puerta estrecha por la que se debe pasar para seguir la enseñanza de Jesús (7,13-14).

 

Los discípulos se espantan. Deducen del ese dicho del Señor que es imposible salvarse.

 

Y Jesús responde con una nueva enseñanza, que es para grabar en el corazón, para no olvidar nunca, sobre todo nos topamos con circunstancias aparentemente difíciles de superar.

 

Con la mirada fija en ellos les dice: “*Para los hombres es imposible, pero para Dios todo es posible*’ (19,26).

 

Jesús especifica entonces que no es imposible para Dios el ser salvado. Es una obra de Dios que lo puede todo. No están cerradas las puertas para los ricos.

 

En ese momento Pedro pasa al frente para mostrar que, de hecho, ellos sí han dado el paso que no dio el joven rico.

 

“*Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido*’ (19,27)

 

Lo que el joven no tuvo la valentía de dejar, ellos sí. Los discípulos no eran pobres. No siguieron a Jesús porque no tuvieran nada. Al contrario, la respuesta a la llamada implicó tremendos desprendimientos.

 

Y Pedro agrega la pregunta: “*¿Qué recibiremos, pues?*”

 

“Lo hemos dejado todo”: claro que sí, habían dejado casa, familia, pueblo, amigos, oficio, pero sobre todo habían puesto en cuestión sus ideas, proyectos, hábitos.

 

Pedro, sin embargo, sigue cerrado en una lógica contractual: nadie hace nada por nada.

 

Al evocar todo lo que ha dejado, Pedro repasa algunas áreas de su vida y trata de hacer un balance. Estos son el área afectiva (¿quién me ama?), el área de toma de decisiones (¿con conviene más?), el de los medios disponibles (¿qué tengo?), luego el de la imagen social (¿qué piensan los demás?), el del significado (¿de qué sirve?) y finalmente el de la identidad (¿quién soy yo?).

 

Jesús responde con una frase que merece hoy toda nuestra consideración.

 

El discípulo recibe de Jesús tres dones: “*Se sentarán también ustedes en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel… Todo el que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o campos por mi nombre, recibirá el ciento por uno… Y recibirá vida eterna*” (19,28-29).

 

Jesús le pide a Pedro y a sus primeros seguidores un cambio de perspectiva:

– de una lógica contractual a una elección de fe y amor;

– del tener al ser, contar activos al ser la persona;

– de buscar algo para uno mismo al vivir en comunión con él.

 

En fin…

 

Seguir a Jesús es vida, no renuncia.

 

Al Pedro que le pregunta qué puede recibir a cambio, Jesús le explica el valor y la fecundidad de su elección.

 

Vamos a profundizar estas palabras de Jesús.

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1 comentario
  1. marthayolanda35@gmail.com

    Gracias padre

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