Trascendencia Espiritual de Pentecostés

De acuerdo con sus inclinaciones y cualidades corporales, intelectuales y espirituales, la persona puede discernir la vocación que Dios le hace para servir en la familia, en el mundo y en la Iglesia. Para lograrlo no basta tener en cuenta ventajas materiales, ni sólo el instinto biológico.

Tras un examen de posibilidades, el ser humano elabora su proyecto de vida en una atmósfera de libertad e iluminado por la fe, y procura llevarlo a cabo de manera coherente y responsable. Para descubrir la vocación a la que Dios nos llama, es de particular importancia la oración.

Por ella maduramos en la escucha de la Palabra divina y en la disponibilidad para acatarla. Muy útil también es el acompañamiento espiritual, que posibilita discernir de manera objetiva el llamado del Señor, y en comunión con alguna persona prudente, juzgarlo en su veracidad y su oportunidad.

«El carisma de cada fiel es su propia vocación, su condición social, sus deberes de estado», dice un teólogo. Y el Concilio Vaticano II enseña que «toda renovación en la Iglesia se basa en un aumento de fidelidad a la propia vocación».

De ahí que los apóstoles después de sentirse llamados, actuaron con el Poder que solo da el Espíritu, hablaron la palabra de Dios sin temor a ser rechazados y fue tal la manifestación del Espíritu que hubo milagros, sanidades y miles de convertidos en cada predicación.

Padre Diego Jaramillo, CJM
Presidente Organización Minuto de Dios

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