Mc 9,30-37: Servir es ponerse de último y hacer crecer al pequeño

Lectio ‘Palabra vivificante’. P. Fidel Oñoro cjm

 

    • Mc 9,30-37: Servir es ponerse de último y hacer crecer al pequeño

 

‘Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos’

 

Según el evangelio de Marcos, cuando Jesús anunció la pasión los discípulos entendieron lo que quisieron entender, a sus espaldas discutían asuntos de poder. Como siempre: la típica repartición de puestos y del ‘aquí mando yo’.

 

Era una cuestión bien conocida en el mundo de la política en tiempos de Jesús: la competición por los cargos y los trucos para lograrlos, asegurando para sí ventaja, influencia e imagen a los ojos de la sociedad.

 

Los discípulos también lo tenían introyectado.

 

En la sutil pelea por los cargos se destapa el espíritu arribista de los seguidores de Jesús. Es la humana fragilidad de quienes habían sido elegidos para anunciar el evangelio a toda la tierra, pero que se desgastan en otras discusiones.

 

¿Esto debía quedarse así? No. Jesús los sorprendió y los encaró. Es verdad que no los censuró, pero tampoco se las dejó pasar.

 

Como es típico en estos casos, los discípulos hablaban en corrillo a espaldas del Maestro. Jesús, en cambio, les habla de frente.

 

1. Una nueva dinámica en las relaciones comunitarias

 

Jesús se contrapone abiertamente al manejo del poder que caracterizaba a la sociedad de su tiempo. Y lo hace en primera persona, con la lógica de su comportamiento inaudito en la ruta hacia la cruz.

 

‪Es la lógica que tiene como punto propulsor la actitud de la entrega de sí que ha descrito en el anuncio de su pasión (9,31). ‬

 

‪Es lo que Jesús espera que distinga también a sus seguidores, para quienes cargar la cruz no es una muerte física sino la renuncia a la ignominiosa actitud que por ganar ventaja se arruina la vida de otros.‬

 

Pero esto a los discípulos les entraba por una oreja y les salía por la otra: ‘Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle’ (9,32). Seguían como si nada: Ignorancia y rechazo.

 

‪A pesar de la manía de grandeza y de privilegios de los suyos, el Maestro no los repudia ni les pierde la paciencia, sino que hace gestos de ternura para ponerse al nivel de su incomprensión, hablarles al corazón y corregir sus actitudes.‬

 

‪Vale la pena reparar en esa cadena de verbos: ‘Se sentó… llamó a los Doce.., Acercó a un niño, lo puso en medio de elos, lo abrazó y les dijo…’ (9,35-36).‬

 

2. El niño se vuelve escuela

 

‪Con gestos y palabras, Jesús se juega su habilidad pedagógica para dar la lección más complicada de su escuela, para introducir a sus seguidores en una comprensión diferente de las cosas, bajando hasta el ‘miedo’, hasta esa necesidad de seguridad que agita sus corazones y que, escondida tras los muros del poder, causa el rechazo del sufrir y del dar‬.

 

Se vale de un niño. La imagen es fuerte: un niño en medio de un círculo de adultos. ‘‪Acercó a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo…’ (9,36). ¿Qué se busca con este contraste?‬

 

‘Un niño…’

 

‪En tiempos de Jesús la cosa era muy distinta a hoy: el niño no tenía derechos, era el último en la escala del poder, estaba completamente sometido a sus progenitores hasta los doce años, no contaba para nada.‬

 

Los discípulos, siguiendo a Jesús, están llamados a identificarse con todo aquel que no tiene poder.

 

‪Bajar hasta el último, que es el puesto escogido por Jesús, implica tres cosas que explica con gestos bien significativos:‬

 

‪Primero, darle a una persona toda la importancia abriéndole espacio (‘lo puso en medio’)‬

 

‪Segundo, acogerla sinceramente integrándola al mismo nivel de uno (‘lo abrazó’).‬

 

‪Y tercero, ponerse a su disposición para lo que sea de su beneficio (‘servir’).‬

 

Y cada vez que se acoge de esta manera a un pequeño, es al mismo Jesús y al Padre Dios a quienes se recibe (9,37).

 

Cuando esto ocurre es el Reino de Dios el que ha llegado: el Padre Dios por medio de Jesús y Jesús por medio de todo pequeño. Se describe así el punto de llegada de una cadena de envíos.

 

El punto terminal donde impacta son las relaciones comunitarias en las que no hay predominio, sino todo lo contrario, donde prima el agacharse para levantar al otro y promoverlo.

 

El nombre nuevo de las relaciones es la pequeñez, que consiste en contrarrestar conscientemente desde dentro el impulso de prevalecer.

 

La cruz de Jesús es la abolición del poder del hombre sobre el hombre.

 

3. Una nueva comprensión del servicio

 

Jesús había enunciado su lección de forma clara y contundente: ‪‘Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos’ (9,35).‬

 

No se preocupó por dar un listado de acciones ejemplares de servicio, no era necesario, sino la manera de hacerlo. Comenzar desde el último, el excluido y hacerlo crecer, eso es servir.

 

Servir no es hacer favores, es hacer crecer al otro, dándole así a él toda la primacía. Es un ‘de abajo para arriba’ comenzado por la incomodidad del agacharse. Implica una alteración en la dinámica relacional.

 

‪Puede decirse que una persona y una comunidad crecen teniendo como parámetro, no al aventajado, sino al retrasado. Es devolverse cuando para que todo aquel que va más atrás, en cualquier sentido, tenga chance y pueda avanzar y crecer. Se trata de crecer haciendo crecer.‬

 

‪Lo que Jesús hizo, lo que marcó la diferencia, lo que reveló la manera de salvar de Dios, lo que quiso impregnar en sus seguidores, fue un camino en contracorriente con respecto a la cultura de su época. Es la dimensión pro-activa del morir de Jesús.‬

 

Jesús puso las cosas boca arriba, sí, porque ‪así mismo es como se comporta Dios.

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2 comentarios
  1. Marta E

    Excelentes comentarios sobre la liturgia de cada día. Ayuda mucho a ir entendiendo el proceso pedagógico que hace Jesús Muchas gracias

  2. Evelina Sánchez

    Es muy vivificante esa reflexión
    Muchas gracias

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