Los sacramentos en la Iglesia

El ser humano experimenta un desarrollo intrínseco vinculado a su realidad biológica: nace, crece y muere. A simple vista, este proceso se observa como un transcurrir natural a lo largo de los años. En lo que concierne a la dimensión espiritual, Cristo instituyó los sacramentos mediante sus acciones y gestos para acompañar la vida del creyente, permitiendo que su gracia se derrame en cada existencia y que cada creyente participe en su propia salvación.

La Iglesia, como dispensadora de la gracia:

Según el Catecismo de la Iglesia Católica, los sacramentos son entendidos como signos eficaces de la gracia instituidos por Jesucristo y confiados a la Iglesia en su totalidad. Estos actos no se limitan a meras acciones aisladas en la vida de las personas, sino que tienen una dimensión celebrativa que conecta directamente con la comunidad y la Iglesia de Cristo.

El papel del Espíritu Santo:

A principios de 1991, el Santo Padre Juan Pablo II destacaba un aspecto fundamental que la Iglesia debe tener presente: el Espíritu Santo es la fuente y el principio de la vida sacramental. El que es verdadero Dios, asociado con Cristo durante toda su vida terrenal, se une a la Iglesia para que esta coopere en la acción salvífica, es decir, para que sea el medio por el cual los seres humanos se acerquen al amor del Padre.

Un llamado para todos los cristianos:

La vida sacramental es indispensable para todo aquel que desee tener un encuentro personal y cercano con Jesucristo, ya que, a través de su celebración, Cristo se hace presente en la realidad de cada persona, auxiliándola y acompañándola con profundo amor. De igual manera, el ser humano se santifica y abre la puerta para que el Misterio del Dios Encarnado plenifique su existencia.

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