Partiendo del evangelio de San Juan en el capítulo 5, versículo 1 en adelante, donde se nos narra que un hombre paralítico que estaba en la piscina de Betesda, esperaba para poder ser llevado a la piscina para sanarse, Jesús realiza una obra de sanación en él, porque es Dios mismo quien realiza la obra en la persona de Jesús.