Mc 9, 24

Yo creo. Una frase quizá ambigua.

Hemos entrado en el uso incorrecto y en la interpretación errónea de la palabra creer. Muy pocas veces es de afirmación, de seguridad y ha entrado en el uso ambiguo y poco exacto, que solo refiere a probabilidades: “¿será que hoy llueve ?..mmm yo creo.”

Creer, con la certeza de la palabra comprometida y expuesta además de pronunciada, tiende a irse a un universo de lo fortuito y la fe la queremos convertir en la simple suma de seguridades, que mientras más pruebas se obtengan, más “fortalecida estará”. ¿Pero acaso no es lo contrario?

Ni hablar de creer en los demás. En un mundo donde todo el tiempo nos traicionamos, nos mentimos, donde no entendemos nada del otro, en tanto que nunca se revela tal y como es, decir creer en el otro, se convierte en una utopía.

Creer en nosotros mismos. Constantemente permitimos que nos rompan los globitos de nuestros sueños, nos convencemos de una serie de cosas que solo provienen del exterior y perdemos la compostura frente a nosotros mismos, y dejamos de creernos nuestras verdades y lo que sabemos de cada uno. Dejamos que nos hagan el dibujo de nuestra personalidad al amaño de los demás.

Y si me meto en el terreno de creer en Dios, puedo adentrarme en un problema, para revisar qué tanto creemos en lo que ha dicho, revelado y prometido: peor aún ¿le creemos a Dios?

En términos de métodos de oración, la oración más conveniente para el cristiano debe ser la petición a Dios por el aumento de la fe, podemos pedir muchas cosas, solución de problemas, realidades, sanación, dinero qué se yo; pero sin Fe, nada de lo recibido se entenderá como regalo y misericordia de Dios, creer para desear ver más de Dios.

En ese sentido, debemos destinar nuestra oración y nuestra poesía al buen Dios, afirmando que queremos creer para seguir viendo, creer para entender mejor lo que Él da, creer para seguir bendiciendo su nombre por las maravillas y prodigios que solo Dios obra.

Creo Señor, pero aumenta mi capacidad de sorpresa. Que no me quede solamente con las bendiciones de hoy, que anhele en lo profundo de mi alma un acercamiento más profundo a tu gracia, que cada rincón de mi alma se llene de tu amor y de tu gracia.

Creo Señor, aumenta mi capacidad de entender cómo obras; porque a veces mis ojos no contemplan de manera suficiente las bendiciones que me regalas, y suelo afirmar que no estás haciendo nada, que nada de lo que me das me sirve: quiero creer Señor, para seguir viendo tu Gloria.