En esta primera semana de Cuaresma como Escuela Superior Carismática Latinoamericana – ESCALAR, nos adentramos a caminar junto a Jesús en el desierto, tal como lo narra el Evangelio de Evangelio según san Mateo (4,1): «El Espíritu condujo a Jesús al desierto para que fuera tentado por el diablo». Este pasaje nos muestra con claridad que también nosotros somos invitados a emprender un camino concreto y decisivo de transformación interior, donde el ayuno, la oración y la penitencia se conviertan en signos visibles de nuestros primeros pasos hacia la conversión.
Estos tres pilares nos orientan para vivir intensamente este tiempo de gracia.
La oración es el encuentro íntimo con Dios, donde desnudamos el corazón para que Él lo transforme en un corazón indivisible; un corazón abierto a su acción, dócil a su voluntad y atento a los acontecimientos del diario vivir. En la oración descubrimos que nuestra esperanza tiene nombre propio: Jesús de Nazaret. Así, la Cuaresma no será simplemente un tiempo más en el calendario, sino el tiempo propicio para un diálogo sincero con el Señor, un encuentro de amor entre el Amado y la amada. Como enseñaba San Juan Eudes, estamos llamados a dejar que el corazón de Jesús se forme en el nuestro. La Cuaresma no es un tiempo de tristeza, sino de transformación: una invitación a cambiar de actitud, a reconciliarnos y a prepararnos con un corazón renovado para la Pascua. Que este tiempo nos permita vivir con mayor coherencia el mensaje de Cristo y que, como comunidad del Minuto de Dios, podamos ser instrumentos de paz, solidaridad y esperanza para Colombia y el mundo.
El ayuno, por su parte, no puede reducirse únicamente a dejar de comer carne. Muchas veces creemos que con cumplir externamente esta práctica ya hemos respondido a lo que nos propone la Iglesia. Sin embargo, el ayuno no es solo una norma, sino un ejercicio espiritual que fortalece la fe y nos ayuda a ordenar el corazón. Podemos vivir un ayuno más profundo: abstenernos de hablar mal del hermano, dejar de herir con nuestras palabras, renunciar a actitudes que nos alejan del amor misericordioso de Dios presente en el prójimo. Más que privarnos solo de ciertos alimentos, se trata de abandonar hábitos que nos apartan de Dios y de los demás.
Finalmente, encontramos la penitencia, que se expresa de manera concreta en la caridad. Llamarnos hermanos implica más que palabras; exige gestos reales y visibles de amor. Los hechos hablan de lo que habita en el corazón. Si el amor de Dios vive en nosotros, se debe traducir en acciones. La caridad no se limita a dar bienes materiales, porque la pobreza no es solo económica. También existe la pobreza de afecto, de escucha, de compañía. Un abrazo en el momento oportuno, una sonrisa sincera o la disposición para escuchar pueden convertirse en verdaderos actos de amor. No es casual que tengamos dos oídos y una sola boca: estamos llamados a escuchar más y a hablar menos.
Querida Escuela Carismática Latinoamericana, esta Cuaresma es un tiempo de renovación del fuego, de volver a la fuente, de permitir que el Espíritu Santo nos transforme desde dentro. No es un tiempo de tristeza, sino de gracia; no es un tiempo de miedo, sino de decisión.
Que el Señor nos conceda un corazón dócil, una fe encendida y una caridad activa. Que este camino cuaresmal nos prepare para vivir la Pascua con un espíritu renovado, y que podamos ser, en América Latina y en el mundo, discípulos misioneros llenos del Espíritu Santo.
Brayan Wilmer Valderrama Blanco
Candidato Eudista.




