El Papa Francisco concluyó en la audiencia general de este miércoles 16 de mayo su ciclo de catequesis sobre el sacramento del Bautismo, en esta explicó “Los efectos espirituales de este sacramento, invisibles para los ojos pero que operan en el corazón de quien se ha convertido en una nueva criatura, se hacen explícitos mediante la entrega de la prenda blanca y la vela encendida” y a través de San Pablo recordó las virtudes que los bautizados debemos cultivar.

Revestir a los nuevos bautizados después del lavacro se hace a semejanza del esplendor de la vida conseguida en Cristo y en el Espíritu, explicó el santo padre, la vestimenta blanca expresa simbólicamente lo que ha sucedido en el sacramento, y anuncia, al mismo tiempo, la condición de los transfigurados en la gloria divina.

A través de San Pablo, el Sumo Pontífice nos recuerda cuales son las virtudes que deben cultivar los bautizados: “Elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre y paciencia, soportándoos unos a otros y perdonándoos mutuamente al otro…Y por encima de todo esto revestíos de caridad, que es el vínculo de la perfección”. (Col 3: 12-14).

Después relató la entrega de la llama tomada del cirio pascual, que también recuerda el efecto del Bautismo : “Recibid la luz de Cristo”, dice el sacerdote. Estas palabras recuerdan que nosotros no somos la luz, sino que la luz es Jesucristo (Jn 1, 9, 12, 46)”. Con esta nosotros también estamos llamados al igual que esa llama a iluminar cada vela, el amor del Señor resucitado inflama los corazones de los bautizados, llenándolos de luz y calor, añadió el Papa. Por ello el sacramento del Bautismo en los primeros siglos también era llamado “iluminación”, y al bautizado se le llamaba “el iluminado”, agregó el santo padre.

Esta es la vocación cristiana explicó el sumo pontífice “Caminar siempre como hijos de la luz, perseverando en la fe”. Si se trata de niños, el deber es de los padres junto con los padrinos y madrinas, preocuparse por alimentar la llama de la gracia bautismal en sus pequeños, ayudándolos a perseverar en la fe. Para que la presencia viva de Cristo los proteja, defienda y sea la lámpara que ilumina sus pasos.

Al culminar la celebración del bautismo se hace la oración del Padre Nuestro, propia de la comunidad de los hijos de Dios, y los niños renacidos en el bautismo reciben la plenitud del don del Espíritu en la confirmación y participan en la eucaristía, aprendiendo lo que significa dirigirse a Dios llamándolo “Padre”.

El Papa Francisco culminó su catequesis extendiendo la invitación que hizo en la exhortación apostólica Gaudete et Exsultate: “Deja que la gracia de tu Bautismo fructifique en un camino de santidad. Deja que todo esté abierto a Dios y para ello opta por él, elige a Dios una y otra vez. No te desalientes, porque tienes la fuerza del Espíritu Santo para que sea posible, y la santidad, en el fondo, es el fruto del Espíritu Santo en tu vida”.