En el cuarto capítulo de Mateo nos muestran las tentaciones de Jesús y una de ellas dice: “Luego el diablo lo llevó a la santa ciudad de Jerusalén, lo subió a la parte más alta del templo y le dijo: Si de veras eres Hijo de Dios, tírate abajo; porque la Escritura dice: ‘Dios mandará que sus ángeles te cuiden.  Te levantarán con sus manos, para que no tropieces con piedra alguna.’ Jesús le contestó: También dice la Escritura: ‘No pongas a prueba al Señor tu Dios.’”

El modelo de vida que nos propone Jesús, no es lanzarnos de los edificios con la fe de que pondrá sus amorosas manos para recibirnos y que no nos pase nada malo, sino que seas lo suficientemente inteligente para no saltar del edificio.

El amor de Dios no debe ser probado por nosotros, el amor de Dios está absolutamente explícito en el escándalo de la cruz, sólo quien es capaz de dar la vida por sus hermanos, muestra a todas luces un amor incuestionable, ahí en la cruz no sólo se ve el sacrificio de Jesús, sino también el amor del Padre que entrega a lo más importante que tiene, su hijo.

Este no es un hecho aislado en nuestras vidas, muchas veces nosotros también nos vemos tentados a creer que el amor del Padre del cielo debe pasar por nuestras pruebas: Que si pasa esto Dios nos ama de verdad, que si ésta persona se va de mí vida significa que el Señor no me ama.

Jesús tomó la iniciativa y nos amó primero, nos amó tanto que todo su camino fue una constante enseñanza y demostración de amor por nosotros, frente a la tentación de la que se habla en esta artículo, supo también mostrar su amor ya que a pesar de la manipulación de la palabra que hace el tentador, Jesús no cae en la trampa y resignifica la palabra y nos dice con claridad, “No pongas a prueba al Señor tu Dios”.

Lo que pasa en nuestras vidas son la materia prima que nos da Dios para llegar a ser felices, no se trata de pedir a Dios que nos dé más pruebas de amor o que nos atrape cuando nosotros mismos nos ponemos en peligro, se trata de que uno vea su vida como una verdadera oportunidad de vivir y mostrar el amor de nuestro Señor.