Desde la semana pasada vengo reflexionando sobre las ventajas del ayer sobre el hoy y aunque sigo creyendo que el ayer tuvo para nosotros cosas mágicas, maravillosas, que las generaciones de hoy no tendrán oportunidad de conocer, el hoy es asombroso y lo es cada día más.

Seguramente los niños que nacen por estos días, conocerán una gallina, una vaca o un caballo en un zoológico, si los ven en directo, pero vivirán formas de volar o de moverse muchísimo más ingeniosas que las que nos tocaron a nosotros. Solo que nosotros pudimos ver cómo se llegó hasta ahí.

No regresaría al pasado ni si pudiera, aunque me encantaría volver a abrazar a mi papá y mi mamá, como tampoco cambiaría nada de lo que he vivido ni lo malo; porque gracias a todo eso, soy la persona que soy.

Y ese cúmulo de experiencias, de haber visto transcurrir parte de la historia contemporánea, de entender que lo que sabemos de esta, la escribieron personas parcializadas, solo que hoy también podemos conocer las otras versiones, me autorizan a decirles que en veinte años tendremos una raza de súper humanos con destrezas físicas extraordinarias o gente cuyo mundo será mayormente virtual y que también llegarán a fronteras que no sospechamos.

Todo este discurso lo ocasionó ver un capítulo de una serie de vídeos que muestran a jóvenes que hacen parkour en las azoteas de los rascacielos -que cada vez hacen más honor a su nombre- y realizan proezas físicas increíbles. Vi a un par de jovencitos subir dos pisos sin usar las escaleras. A otras bailar Y mezclar su danza con artes marciales magistralmente. Bebés que juegan básquet bol con punterías fantásticas y muchísimas destrezas más.

Indudablemente, esa, será una generación extraordinaria, con acceso a los más soberbios inventos. Espero que para ese momento, los valores y la Palabra de Jesús sigan vigentes y sean la guía y el camino de la humanidad. Si no, serán extraordinarios en unos talentos huecos que no tendrán sentido o valor y tampoco sabrán hacia dónde van.