Cada año la iglesia celebra diferentes tiempos litúrgicos, con el fin de ayudarnos en nuestra vida espiritual, proponiéndonos itinerarios o claves que nos permitan reflexionar en torno a un tema específico, según el tiempo litúrgico en el que nos encontremos. En muchas ocasiones hemos escuchado hablar de la cuaresma y se nos ha dicho que es un tiempo de conversión y de perdón. La pregunta que podemos hacernos es la siguiente: ¿Realmente en los años que venimos celebrando la cuaresma,  ha habido un cambio de actitud o simplemente han ido pasando una tras otra sin ninguna intención clara que nos permita tener una verdadera conversión?

Seguramente hay quienes han hecho grandes esfuerzos por dejar esas actitudes que no les han permitido encontrarse con el Señor, pero también es posible que hayamos quienes nos hemos conformado con participar de algunas celebraciones de la semana santa, sin tener ningún propósito claro que nos permita darle un nuevo rumbo a nuestra vida de fe. Por esta razón, es que quiero proponer tres claves que nos pueden ayudar a vivir una cuaresma diferente, de tal manera que esta no sea una más de tantas, sino un tiempo de gracia y bendición para nuestra vida.

La primera clave es: Haz un balance de tu vida. Esto significa que es tiempo de hacer un alto en el camino para evaluar cómo ha sido tu vida. Cuáles son las preocupaciones que te aquejan, cuáles son esos pecados o apegos que no has podido dejar. ¿Cómo ha sido tu vida de oración, qué tiempo le dedicas a Dios?. ¿Has sido capaz de perdonar a tu enemigo o eres de esas personas que guardan rencor y odio en tu corazón?

La segunda clave es: ¡Tomar decisiones! Esto quiere decir que a partir de la evaluación que has hecho de tu vida, es necesario tomar decisiones que te permitan darle un nuevo rumbo a tu camino de fe. A veces somos conscientes de nuestras malas actitudes, pero no somos capaces de enfrentarlas y decidirnos a cambiar. Esta cuaresma es el tiempo de optar por hacer un cambio en nuestra vida. Esto implica no solo en la vida espiritual, sino también en nuestra relación con los demás, con los hijos, entre los esposos, con las personas con las que a diario compartimos.  

La tercera clave es: Permanecer en ellas. Después de haber tomado una decisión clara frente a las situaciones que vivimos, es fundamental permanecer en ellas, porque de nada sirve que renunciemos a una mala actitud, si sólo lo hacemos por un tiempo determinado. De ahí que la tarea no se encasilla solamente a la cuaresma, sino que debe ser una labor constante que nos permita tener un verdadero crecimiento espiritual. Dios en su infinita bondad, nos regala cada año éste tiempo de gracia para afianzar nuestro camino de fe.

Pidámosle a Él que nos de la sabiduría de vivir esta época con base en estas tres claves: Primero, haz una balance de tu vida, segundo, toma decisiones y tercero, permanece en ellas.