La próxima semana viviremos unos días muy significativos para todos aquellos que nos decimos creyentes, porque a partir de mañana, domingo de Ramos; donde hacemos memoria de la entrada de Jesús en Jerusalén, tenemos la oportunidad de hacernos unas preguntas frente a ello ¿qué significa esto para mi vida de creyente hoy? , ¿a qué me compromete la entrada de Jesús?. No se trata tampoco de hacer recuento de datos por datos, sino a partir de ello buscar una relación con la propia existencia.

De igual forma ocurre con el resto de días. jueves, viernes y sábado. En las presentes líneas nos ocuparemos en especial del jueves santo, haremos énfasis en tres palabras que están presentes de principio a fin durante la celebración: Amor, servicio y entrega.

En la cena del Señor, como se le conoce comúnmente a la celebración del jueves santo, se establecieron tres pilares de vida para todos los seguidores de Cristo sin importar el lugar, raza, color de piel, ni estrato social.

1. Amor, no entendido como sentimiento, sino como la decisión de Jesús de aún conociendo nuestra fragilidad y debilidad apostar por amarnos, más aún de liberarnos de toda opresión que pueda mantenernos esclavos, en otras palabras, de todas aquellas situaciones, relaciones y circunstancias que no nos dejan expresarnos como somos.

2. Servicio, durante la última cena, Jesús llama a sus discípulos para una misión especial,entregarse sin condición de ninguna clase en el anuncio del Reino de Dios, esta es la tarea que se convierte en el motor de la vida de estos hombres y mujeres. Reino de Dios, significa que todos y cada uno de los hombres y mujeres que habitan el planeta, lleguen a el encuentro personal con Jesucristo vivo y resucitado y que este encuentro los lleve a tomar conciencia que necesitan luchar por un mundo más justo y equitativo para todos.

3. Entrega, uno de los gestos que más llaman la atención, por el impacto que genera es la entrega de Jesús en la Eucaristía, es él mismo y no un cordero como el Antiguo Testamento el que ahora es sacrificado. Además otra diferencia importante es que en el A.T. se inmola el cordero por los pecados del pueblo, mientras que la entrega de Jesús si bien alcanza perdón de pecados, nos da la salvación de una vez y para siempre.

Cuando estés el próximo jueves en la Eucaristía, no pierdas de vista estas tres palabras que se traducen en actitudes que hacen la diferencia.