Los grandes maestros de la vida espiritual cristiana han coincidido en destacar y fortalecer la conexión saludable entre la oración y la vida… la vida y la oración; nos han señalado también el camino para liberar la fe de la mayor y más peligrosa de las formas de esquizofrenia humana: la espiritual, aquella que nos impide entrar por la senda del sentido saludable para nuestra existencia, camino que en términos cristianos identificamos con la palabra SALVACIÓN.

La FE CRISTIANA es fuente de VIDA en la medida en que nos permite CONFIAR en Dios como principio de sentido y nos impulsa a OBEDECERLE como garantía de salvación. Si le creo, si confío en él, pues lo lógico es que me deje guiar por él. Por esa razón los cristianos oramos, lo hacemos para sintonizarnos con Dios y enchufarnos a él. Por ejemplo, de nada sirve tener el radio sintonizado en la frecuencia de minuto de Dios, si no tiene corriente; si no está enchufado no nos sirve de nada, igual que de nada nos sirve creer en Dios si no vivimos como él nos manda.

Para mantenernos sintonizados y enchufados las 24 horas del día, todos los días del año, los cristianos contamos con la oración, en cualquiera de las formas que nos indica San Juan Éudes, pero ésta, la tercera forma lo hace de modo mucho más evidente: “La tercera forma de orar es realizar cristianamente tus acciones, aún las más insignificantes. Las ofrecerás a nuestro Señor al comenzarlas y levantarás a menudo tu corazón hacia él en el curso de las mismas. Ejecutar así tus acciones es hacerlas en espíritu de oración, según el mandato del Señor que quiere que oremos siempre y sin cesar (Lucas 18, 1). Se trata de un medio excelente y fácil de mantenerse en la presencia de Dios” (San Juan Éudes, en Vida y Reino. Obras Escogidas página 157).

Si miramos bien varias de las cosas mencionadas merecen ser comentadas y aclaradas dada su relevancia para nuestra vida de fe, por ejemplo:

  1. Realizar cristianamente las acciones significa SER JESÚS actuando hoy.
  2. Realizar cristianamente las acciones significa hacerlas en estado de mayor conciencia, por eso hay que ofrecerlas al comienzo y “levantar el corazón a Dios” mientras las hacemos para mantenernos despiertos, atentos, centrados en él (en sus pensamientos, sentimientos y acciones).
  3. Aquí la palabra “levantar” es utilizada metafóricamente refiriéndose al acto de estar de pie (despierto), dispuesto para la acción. La oración es la acción propia del bautizado, es decir, de aquel que ha sido levantado de entre los muertos para vivir en Dios una nueva vida, la vida de Cristo.
  4. El espíritu de oración es la oración del Espíritu, es decir: Cristo orando en nosotros al Padre, dándole la gloria que Él merece y santificándonos a nosotros (haciéndonos mejores seres humanos).
  5. El sentido de la oración es la oración de quien es el sentido, la oración del “Logos” de Dios (Juan 1, 1 – 18), la oración de aquel que es “El camino, la verdad y la vida” (Juan 14, 6).

Resulta interesante ver las consecuencias saludables que tiene para las mujeres y hombres de todos los tiempos vivir la vida de este modo; por un lado es de público conocimiento que el cristiano allí donde el Señor lo ha sembrado debe procurar producir frutos de amor y por otro lado la espiritualidad ignaciana (de San Ignacio de Loyola) lo manifiesta con esta reconfortante frase: “Hagan todo como si todo dependiera de ustedes y esperen todo como si todo dependiera de Dios”; Siglos antes la espiritualidad Benedictina ya lo expresaba plasmándolo en un estilo de vida que logró trascender las paredes de los monasterios: “Ora y Trabaja” (Ora et Labora) y, por su parte los sacerdotes eudistas lo han materializado muy bien en frases y programas radiales como el del Padre Alberto Linero: “Orando y Viviendo”, programa que ha marcado un hito en la comunicación de la espiritualidad cristiana en Colombia, en donde muchos de los testimonios recogidos coinciden en evidenciar que en la medida en que el evangelio ha llegado con sencillez a sus vidas, éste se ha vuelto una verdadera “Buena Noticia” digna de ser asumida y encarnada con alegría.

El desafío espiritual que nos propone esta tercera forma de oración consiste entonces en vivir permanentemente en Dios, de modo que todo lo que pensemos, sintamos y hagamos, lo pensemos, lo sintamos y lo hagamos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén !!!