Tanto amó al mundo, que te amo a ti

El hombre, que ha sido amado de manera desmedida por parte del Padre y que, a causa de su voluntad, perdió su íntima relación con el Creador, es restaurado por el Hijo.

La salvación:

Es la restauración de la relación de la persona con Dios que ha sido perdida a causa del pecado. Esta es dada por iniciativa de Dios Padre hacia todos los hombres y esto lleva a que la vida del hombre pueda experimentar un completo equilibrio del desorden que puede existir en este. Es importante resaltar que esta salvación no se efectúa por los méritos del hombre, sino, por el contrario, es dada por el amor que Dios tiene hacia todos los seres humanos.

Cristo salva:

En la Carta a los Romanos 5, 6-11, el apóstol Pablo muestra cómo Jesús, el Cristo, viene a salvar a los hombres a causa de su entrega, es decir, una salvación que se da por pura gracia. Esto recuerda que es Dios mismo quien se entrega para lavar a los hombres de toda mancha y hacerlos hijos en el Hijo.

¿Para qué salva?

Cada ser humano vive una realidad específica, tiene dolencias, alegrías, dificultades y un sin número de realidades que lo superan. Confiar plenamente en Cristo reconcilia al hombre consigo mismo y con los demás. Trae un nuevo rumbo para su vida, pero, más importante aún, lo libera. La Salvación tiene como objetivo hacer al hombre partícipe del Misterio de Dios, le restaura y eleva su dignidad caída al más alto estatus que se puede tener: el de ser Hijos de Dios.

A través de esta salvación también se experimenta el amor del Padre, un amor sin medida que ha estado en todo momento a la espera de la apertura de corazón, un amor que desea hacer nuevo a todo aquel que lo busca, un amor que no se agota y que no se cansa.

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