Quisiera escribirte como Neruda con una pasión que describiera exquisitamente como eres, o, tal vez, como lo hacía Benedetti con palabras sencillas llegar a la profundidad del alma, desnudándola poco a poco. Pero te escribo como soy yo, muy lejano a estas grandes figuras de la poesía, solo con palabras que emanan de mi corazón y en las que busco retratar en hojas para que su recuerdo perdure por varias generaciones. Te escribo porque es ese el lenguaje más fácil que tengo para comunicarme contigo porque sabrás por líneas anteriores que haces mis días menos pesados.

Quiero que sepas que a pesar de tu respuesta seguiré escribiéndote tantos versos como sean posible, tantos acrósticos, te dedicaría tantas canciones hasta que se te agite la respiración y tiembles de sentimiento, te regalaría tantas flores…muchas flores. Y si después de eso tu respuesta es no, simplemente debería esforzarme un poco más. No rendirme tan fácilmente. Con lo poco que te he conocido me arriesgo a decir que eres maravillosa y lo que más me gusta es como sonríes, como haces que tu vida irradie alegría. Insistiré suavemente con poesías sin brusquedad, solo con la paciencia de los grandes sabios y si continuas manteniéndote fuerte déjame decirte que todo lo bueno lleva tiempo…

Arriesgo cada oportunidad que tengo porque vales cada palabra que escribo, cada verso, cada aurora, cada mañana, cada esfuerzo, cada lucha, en fin, vales la vida.

Si crees que estas son solo palabras te pido que me des la oportunidad de demostrarte que no es todo. Puedo ser flaco y, hasta no puedo ser tu tipo. Pero ten la certeza que nos es fácil encontrar quien escriba tantos versos inspirados solo por tu voz. No busco quitar tu libertad, al contrario, estaré siempre en la hinchada apoyándote para que cumplas tus sueños que se convertirán en míos y, por último, la única promesa que te hago es no prometer nada porque el corazón siempre buscará la manera de hacer sonreír a quien hace de nuestros días el paraíso del que tanto hablan.