Soy un triunfador”, esa debiera ser la consigna de todo ser humano. Es lo que todos debiéramos tener claro y presente en nuestro ser. Lo debiera tener claro en el corazón como una fuente de ánimo, que lo impulsa a hacer cada una de las cosas que se propone, todo aquel que se tiene que levantar de su cama diariamente a seguir construyendo su vida y tratando de concretar sus sueños e ilusiones…

Soy un triunfador”, esa debiera ser la consigna de todo ser humano. Es lo que todos debiéramos tener claro y presente en nuestro ser. Lo debiera tener claro en el corazón como una fuente de ánimo, que lo impulsa a hacer cada una de las cosas que se propone, todo aquel que se tiene que levantar de su cama diariamente a seguir construyendo su vida y tratando de concretar sus sueños e ilusiones. Lo debiera tener grabado en su mente todo aquel que, hoy otra vez como ayer, tiene que iniciar nuevos y buenos proyectos; y también aquel que se siente poca cosa ante los triunfos de sus próximos, y que sabe que la solución no es envidiar sino proponerse metas propias interesantes y realizadoras. Lo debieran tener claro todo aquel que participa de procesos de formación y de crianza de infantes que requieren saber que son triunfadores para crecer como verdaderos seres felices.

Ahora, ¿qué es un triunfador? Es uno que existe porque ganó una competencia en la que participó cuando no era todavía él. Si, todos somos el producto de “uno” que ganó la competencia de fecundar el ovulo materno, y eso lo debemos tener bien claro y meditarlo todo los días y todas las horas de nuestra vida porque cuando lo estamos pensando y haciendo se nos genera la actitud que se requiere para poder salir adelante en las dificultades y los conflictos que tenemos que enfrentar.

Es uno que ha aceptado y asumido su condición humana, sus dolores, sus defectos, sus incapacidades, entendiendo que ellas no lo definen de manera absoluta y que tienen muchas virtudes, capacidades, alegrías, posibilidades y fuerzas con las que cuenta para realizar sus proyectos. Es uno que no tiene miedo a las dificultades que se generan en la vida porque sabe que ellas serán motivo de crecimiento y de desarrollo personal. Es uno que todos los días busca sonreír porque sabe que esa es la mejor manera de atraer las buenas experiencias para su vida. Es uno que es capaz de aceptar y valorar a los otros tal cual son y posibilita que estos den lo mejor de si para que puedan establecer relaciones provechosas para todos.

Es uno que realiza sus metas, hace que sus sueños mueran convertidos en una realidad. Uno que tiene éxito, y que sabe que este no sólo se logra al unísono con los aplausos de todo el mundo y que no siempre está reflejado en las cifras que se tiene en la chequera y en las cuentas, ni que corresponde con no tener problemas y vivir caminando un sendero de rosas sino que es armonía interior, estar contento consigo mismo, vivir en unas excelentes relaciones con los demás y sentir que se está realizando el propósito que nos define. Ese es el verdadero triunfador, él que está feliz con lo que es y lo que está haciendo.

Tú que me estás leyendo sin duda eres un triunfador. Es probable que las frustraciones, los actos fallidos, las equivocaciones, los sufrimientos y las continuas derrotas te hayan hecho creer lo contrario. Pero hoy tienes que tomar la decisión de reconciliarte con lo que eres: Un triunfador. Es hora de animarte tu mismo a seguir adelante; es el momento para confiar en tus posibilidades y lanzarte a conquistar tus metas. Hoy no vale llorar, hoy vale creer en ti y lanzarte a hacer la vida con la seguridad que te da tu origen de triunfador. Repítelo: “Soy un triunfador”.