En nuestro ambiente religioso siempre tenemos “líderes” que hacen cosas maravillosas de parte de Dios (predican, oran, cantan, forman, etc.) casi siempre hay gente que los admira y hasta los quiere imitar; lo mismo paso con un personaje en la Biblia (2 Re cap. 2). Eliseo quería una porción doble del espíritu de Elías (unción); hay algo muy claro en nuestra vida, y es que la unción no se hereda la unción Dios te la regala.

Elías por su parte le dio una condición al decirle que si lo veía cuando era arrebatado entonces se le pasaría la parte de su espíritu que estaba pidiendo.
Al condicionar de esta forma, le estaba dando una enseñanza a Eliseo; lo que realmente quería que entendiera era: “solo cuando te des cuenta que yo ya no estoy tendrás que empezar tu ministerio, cuando te desprendas de mí”.

Eso es lo mismo que pasa con los cristianos de hoy en día, solo están dependiendo de alguien mayor para que les haga todas las cosas, y no hablo de cosas materiales. Quizá solo se dedican a vivir bajo la sombra de otro y nunca empiezan su ministerio.

Hay otros personajes que aquí se encuentran implícitamente y son los demás profetas, que le recordaron a Eliseo que su maestro iba a ser llevado y esto pasó especialmente cuando Eliseo toma el manto y hace el “milagrito” de Elías; esto lo hace para probar que el también tenía la unción.

Solo basta imaginar cual fue la actitud de los demás profetas cuando al golpear por primera vez las aguas no se abrieron, se dirían unos a otros: “no es como en los tiempos de Elías, ya nada será igual sin el gran profeta Elías…”.

Muy a menudo pasa eso en nuestras comunidades; los integrantes empiezan a recordar que en los tiempos del pastor tal todo era distinto, era “mejor”; cuando el padrecito estaba era más coordinado todo… y así podemos dar muchos ejemplos.

Lo peor que podemos hacer es empezar a recordar los tiempos aquellos con melancolía para volverlos a vivir, quizá esos “lideres” anteriores ya deben estarn inclusive en la presencia de Dios, y muchas veces los sueños de quienes los seguían murieron junto con ellos.

Dejemos ya de comparar el pasado y sufrir con eso, no digamos fue mejor sino ¡fue diferente!
Termino esta pequeña aplicación viendo la exclamación de Eliseo cuando no se abrieron las aguas al primer intento. Él exclamó: “¿Dónde está Yahveh, Dios de Elías?”

Podríamos imaginarnos la actitud de Eliseo; él hizo lo mismo que Elías, los mismos “pasos” y no sucedió nada, pero lo que sí dijo es: ¿Dónde está el Dios de Elías?, no dijo ¿mi Dios dónde estás?

Quizá Eliseo quería decir no es mi culpa, es el Dios de Elías que no viene.

Cuántas veces experimentamos eso en nuestro ámbito de comunidad; que en primer lugar hacemos todo como los demás lo hacen, y quizá hasta podríamos decir imitando lo que los demás hacen. No somos originales, solo repetimos lo que impactó de otro como para ser iguales, y a veces para buscar el reconocimiento de los demás.

¿Acaso no encontramos “predicadores” que imitan hasta el acento y voz de otro predicador muy “popular”?; hacemos los mismos pasos, seguimos el manual, pero cuando eso nos falla es cuando exclamamos: “¿Dónde está Yahveh, Dios de Elías?”, es decir, no es mi culpa.

Me encuentro muy a menudo con personas que dicen: “no es mi culpa, a mi me dijeron que así se hacía siempre, o lo hice como lo hacía en anterior líder”.
¿Qué debemos hacer en realidad?

Primero; no hacer las cosas para demostrar que yo también puedo, o hacer lo que los demás quieren que haga; recordemos pues lo que dijo el profeta “pagano” Balaam: “…no puedo traspasar la palabra de Yahveh…” (Num 22, 18). Segundo; no imitar lo que los otros hacen, hay que ser originales, pero si debemos ser grandes imitadores pero de Cristo. Y lo más importante es no decir: “¿Dónde está Yahveh, Dios de Elías?”, más bien digamos siempre: ¿Donde están los Elías de Dios?

En conclusión digamos siempre: “SOY PROFETA DE DIOS”.