Hace unos días tuve la oportunidad de compartir buenos momentos junto a personas que quiero y que son importantes para mí. Fueron momentos para recordar muchas cosas buenas, pero sobre todo para tomar conciencia de todo lo bueno que tengo en las manos. Tengo personas que me quieren, amigos que son amigos aquí o en donde sea, y eso ya es un motivo grande para agradecer a la vida y para sentirme afortunado.

Siempre es necesario abrir el lente de nuestra visión y percatarnos que todos los días suceden milagros en la vida. Hay que estar siempre abiertos y dispuestos a dejarse tocar por los momentos buenos y aprender a hacer frente a los difíciles. Al fin y al cabo eso es la vida, un constante ir y venir, subir y bajar, caminar y parar, pero siempre conscientes de que hay muchas cosas buenas por las que agradecer.

A veces somos tan cerrados para ver lo que hay alrededor y optamos por negarnos a la posibilidad de reconocer que el solo hecho de poder estar vivos ya es demasiada ventaja, que poder despertar todos los días ya es garantía de que podremos seguir saliendo adelante, intentando lo que necesitemos intentar una y otra vez, cargando con los miedos, haciendo frente a los problemas, pero siempre, siempre, ¡siempre! intentando ver todo lo bello que hay alrededor.

¿Acaso no es suficiente estar aquí, vivos, con fuerzas, con sueños? Para mí eso es mucho, y por eso agradezco hoy. Poder estar vivo, poder dar la vida, poder compartir la vida, eso en muchas ocasiones –si no siempre- basta. Por lo pronto solo me queda mirar que este milagro de estar vivo es una ganancia bastante grande y que los sueños que cargo algún día van a ser realidad, y que las personas a las que quiero están cerca y no se alejan.

Ojalá no se nos pase la vida esperando a que milagros extraordinarios sucedan todos los días, sin percatarnos que el solo hecho de poder estar vivos ya es el mayor de los milagros. Simplemente estar vivos, eso basta.