En vacaciones aprendí lo bueno que es tener el espíritu siempre abierto a encontrarse con cosas que no busca. Porque no todas las cosas que encontramos, necesariamente estaban siendo buscadas. Vas por la vida normal, con búsquedas propias, sin desviar la mirada, y ¡pum! De repente aparece algo que te inspira a cambiar la dirección y que te exige hacer esfuerzos que no pensaste hacer nunca. A eso, se le llama serendipia.

Es muy complicado vivir esto cuando se entiende la vida como un camino recto, en el que no es posible desviarse, en el que ya existe y además está estipulado el lugar de llegada. Nos hace daño la vida cuando ella no permite que nos guiemos por nuestros propios criterios, cuando la senda ya está hecha, cuando la historia ya está terminada. Creo que la vida no es tan así, y que más bien se trata de una construcción, de un camino que tiene infinitas posibilidades. Por eso me gusta tanto el verso de Antonio Machado que profesa “caminante no hay camino, se hace camino al andar”, porque es cierto, porque uno realiza la vida es mientras la vive.

Hay que tener siempre disposición para dejarnos sorprender por los caminos que van saliendo a medida que caminamos. No hay que tener miedo a la novedad. Mucha gente se pierde la oportunidad todos los días de vivir cosas maravillosas, precisamente por no tener la capacidad de abrirse y disponerse a encontrar esas cosas. Siempre es bueno encontrar gente que uno jamás se imaginó encontrar. Gente que le viene a poner a uno un toque distinto. Gente que te inspira cosas lindas, y que saca una versión de ti que nunca habías visto. Gente que te hace conocerte mejor y que se propone a crecer contigo.

Es muy fácil decir que nos cerramos a la serendipia cuando nuestro camino nos brinda estabilidad y comodidad. Es difícil salir de la zona de confort, y es mucho más fácil ponerse anteojeras –las cosas esas que le ponen a los caballos en los ojos pa que no desvíen el camino-, y caminar recto, aunque eso no haga feliz. Quizá porque aparentemente es mucho más importante la seguridad que la felicidad.

Yo personalmente, he decidido abrirme a la serendipia, y estar atento todos los días a las cosas buenas que pueden llegar. Me dispongo a no vivir cerrado a las infinitas posibilidades que tengo todos los días del cambio. Acojo la libertad que Dios me ha dado y me propongo vivir dejándome sorprender. Al fin y al cabo, los cambios siempre dan nuevo sentido a la vida. Se trata además, de oxigenar la existencia. Serendipia es respirar de nuevo.