El pasado 10 de noviembre se vivió el Encuentro de Sanación y Oración, un momento de profunda entrega a Dios, de confianza y fe en Él, sabiendo que su amor nos sana física y espiritualmente, y que sus designios son perfectos.

Iniciando con una gran alabanza a Dios, a cargo del grupo La Tribu y una oración de confianza, los asistentes confiaron todo aquello que duele, que lastima en las manos del único capaz de quitar cualquier mal, cualquier dolor, y se prepararon a través de la invocación del Santo Espíritu para vivir la Santa Eucaristía, con el Padre Álvaro Puerta.

Durante la Homilía, el Padre Puerta afirmó que siempre hay que hablar de Dios, y confiar que Él organiza todo para que se hable a aquellos que lo necesitan , aún más sumergidos en esta sociedad tan deshumanizada que le genera rabia el hablar de Dios, el orar, y las familias están muy contagiadas de esto. El padre exhortó a los católicos a no dejarse caer, no dejarse llevar por tantas ideologías religiosas y a tener claro que cuando tratan de alejarnos de la iglesia católica hay que decir: “somos hombres y mujeres que con fe aceptamos que un hombre murió en la cruz, y nos reconcilió con Papá Dios, moriré fiel a Jesucristo y su Iglesia para siempre”.

También explicó que la Eucaristía es el centro de nuestra religión y que un católico que no participa de ella, está incompleto, y además motivó a siempre dar testimonio, sin importar edad o lugar, porque, necesitamos “defender nuestra fe en todo momento, no dudar de decir siempre Yo Creo”, y siempre querer más, necesitar más, no conformarnos con nuestra fe, siempre estar y pedir su constante aumento.

El Padre Álvaro, a través de sus múltiples experiencias de sanación, mostró que Dios se vale de nosotros, nos usa como instrumento para pasar su fuerza, su alegría y su vida para que otros sigan teniendo vida, y afirmó que hay que visitar a los enfermos y orar por ellos, orar, incluso cuando se está pasando por esos momentos de dolor, de agonía, pues Dios escucha los ruegos. Y aclaró que cuando se ora por un enfermo, se hace no para cambiar la voluntad de Dios, sino para pedir que se realicen los designios de Dios sobre esa persona.

La invitación final que dejó el padre durante su homilía fue es a ser misioneros de Dios en cualquier lugar y creerle a Dios y su Divina voluntad.

Al finalizar la Eucaristía, el Padre Álvaro realizó la oración por la salud, y pidió que dejaran que Dios pensará por sus vidas y que Él les dé lo que más les conviene. Todos los asistentes con una profunda confianza oraron en silencio, mientras escuchaban las palabras del Presbítero. El Congreso cerró con la adoración al Santísimo guiada por el Padre Raúl Téllez, sacerdote eudista, en la cual se hizo un proceso de sanación interior, para salir totalmente invadidos de Dios y confiados en su actuar.

Fue una jornada de sanación integral donde las personas entregaron sus angustias a Dios para que Él se manifestará y pudiera glorificarse a través de ellos. Renovados y con la fe puesta en Dios, preparados para ver la obra de Dios en sus vidas.