No tuve hijos humanos,  tal vez ser mamá de niños no era para mí. Hoy entiendo que los hubiera dañado a punta de sobreprotegerlos y de paso me hubiera dañado yo de tanto sufrimiento.

Eso lo he podido medir porque vivo con Lola, mi perra que ya tiene 7 años y con mis gatas, muy jóvenes las tres. Pero antes de lola tuve a manchas y muchos gatos y gatas que dejaron huellas de amor y dolor en el alma.

Precisamente a través de las vivencias con mis animales he podido saber lo que hubiera sido si fueran niños.

Anoche por ejemplo, llegué a casa a las 9 de la noche y apenas entré, lola salió. Vale decir que pago a una joven para que la pasee y la alimente en días como el de ayer, en los que tengo clases y llego tan tarde. También vale decir, que salgo de casa desde las seis menos diez de la mañana  y paso todo el día por fuera. Por supuesto, cuando llego en la noche,  llego muerta de cansancio.

Pues bien, la salida es una forma que lola tiene de decirme que algo no anda bien.  En principio, la dejé salir sola y me dediqué a alimentara las gatas y preparar algo para mí. Pero luego acompañé a la perra para ver qué quería. Caminamos una cuadra y nada. Nos devolvimos.

Lola comparte mi cena, es parte de nuestra  manera de estar juntas. Anoche no quiso, no se comió su yogurt que le encanta. Nos acostamos. A las diez y media  me despertó y a esa hora, con el cansancio más tremendo, los pies que no soportaba del dolor, a esa hora, me vestí y volvimos a salir.

Y si eso hago por mi perra, se imaginan si hubiera sido un niño o niña? Por eso tal vez, en su sabiduría Dios me mandó perra y gaticas y no niñitos. Una reflexión que puede ser para cualquiera que crea que Dios no la bendice con hijos. No todos podemos ser padres o madres.

Lo que no excluye las otras formas de ser padres. Se pueden dar becas a niños sin posibilidades que incluyen manutención y también  se puede adoptar.