El deseo y el anhelo de Dios es que todos nosotros sus hijos, estemos llenos de su Espíritu Santo, nos dice el capítulo dos del libro de los Hechos de los Apóstoles, que estaban reunidos en casa con un mismo objetivo, que vino sobre ellos como una ráfaga fuerte de viento, aparecieron unas lenguas de fuego que se repartían y se posaban sobre cada uno de ellos, llenándose el Espíritu Santo, como Promesa del Padre hecha a través de Jesús.