Ganemos confianza en Dios y en su amor. Reconozcamos que solo de la mano de Dios vamos a poder sobrellevar cada situación que se nos presente en la vida, seamos sensatos y serenos al dar pasos en Dios, sin ocultarnos, ni escondernos sino con la seguridad de que él va con nosotros aun cuando somos juzgados. Cuando decidimos seguir a Jesús asumimos con él ser juzgados, pero sin importar eso saldremos bien librados ya que él es nuestro abogado. No hablemos de Dios con nuestras palabras, sino con nuestro testimonio y así quienes nos rodean verán el rostro del Señor.