Paseo diariamente por las redes sociales en Internet, me gusta saber de la vida de mis conocidos o de quienes pasaron por mi salón de clases. Desde allí los puedo ver crecer, saber qué pasó con sus vidas, si tienen hijos, en qué piensan y en qué andan. Las redes me permiten saludar, felicitar, compartir y hacerme presente en situaciones que de otra forma me sería imposible. Salgo de mi casa muy temprano en la mañana para cubrir la distancia y evitar el tráfico que me produce un efecto terrorífico, nocivo y abrumador.

Casi puedo decir que manejo mi vida social desde allí. ¿Las razones? Las distancias que crecen, las vías que no alcanzan y se angostan, los conductores que quieren ir a su aire y velocidad o chateando mientras conducen y finalmente mi propio manejo de la vida, en la que prefiero llegar a casa temprano, mirar las últimas luces del día mientras le doy el paseo vespertino a Lola y comparto saludos con los vecinos, una de las cosas que más disfruto de vivir en un pueblo.

Pasando la revista diaria a mis redes, me tropecé con dos vídeos – algunos me resultan maravillosos, iluminadores y conmovedores- ambos expresando emociones y a mí me encanta la gente que expresa sus emociones y me enseña mucho, aquella que las puede expresar sin agredir, maltratar o imponerse a la brava.

En uno, un grupo familiar de Neo Zelandeses recibe a un hermano que llega en el aeropuerto. Ellos tienen unos rituales muy especiales y coreográficos y ejecutan uno de ellos para su pariente y luego, los que deben ser sus padres se acercan a él, juntan sus frentes y le abrazan con un afecto enternecedor y que bueno poder abrazar y decir los te quieros sin pena o límites.

En el otro, una joven defiende su posición frente a las diferencias y a lo que debe ser la tolerancia con una inteligencia y una suavidad que respeto y aplaudo.

Ambas situaciones me recuerdan a Jesús que defendió siempre lo que para la sociedad de su época era indefendible y lo hizo en aras de la misericordia y el amor. Y el poder decirle al hermano cuanto se le ama, sin que haya obstáculos. El abrazar, el sentir al otro en el corazón y en la piel es la mejor forma de expresar el mensaje del amor. Ojalá cada cosa grata, cada manera de ser, cada situación que nos resulte opuesta, nos permita recordar el mensaje del amor y la tolerancia que nos dejó Jesucristo.