A diario nos enfrentamos a lo desconocido del futuro, le tememos tanto que siempre suponemos lo que nos va a pasar. Pero es sólo eso, suposición. Algunos se valen de expresiones como “te lo dije”,“te lo advertí”, “es que más sabe el diablo por viejo…”  etc.

A diario nos enfrentamos a lo desconocido del futuro, le tememos tanto que siempre suponemos lo que nos va a pasar. Pero es sólo eso, suposición. Algunos se valen de expresiones como “te lo dije”,“te lo advertí”, “es que más sabe el diablo por viejo…”  etc.

Sin lugar a dudas que la prevención y la advertencia de quienes tienen experiencia se aplica para muchos momentos de la vida y hay que escucharlos para equivocarnos lo menos posible. Pero debemos revisar para cuáles de esos momentos en concreto puede aplicarse esa idea de escucha, pues corremos el riesgo de paralizar nuestra existencia y en muchas ocasiones necesitamos capacidad de riesgo para sacar adelante proyectos, para alcanzar objetivos y dar un salto de calidad en nuestra vida.

“El temor se puede convertir en un toque de atención para evitar la insensatez, una señal de alerta ante decisiones o situaciones que pueden hacer desmoronarse alguna de las bases en que se sostiene nuestra calma. Lo que habría que evitar es que el miedo se convierta en el único timonel de nuestra vida, pues eso nos llevaría a ser pusilánimes o a no arriesgar nunca. Y, la verdad, en la vida, querer vivir siempre con todas las seguridades, teniéndolo todo atado y bien atado, huyendo de lo incierto o lo inesperado, puede convertirnos en personajes agónicos, hipocondríacos vitales o plañideras existenciales” (Rodríguez. 2008).

Por ello es necesario que ante la adversidad, sepas que puedes equivocarte; puede que no salga como esperabas pero que eso no te paralice, que eso no haga que bajes los brazos. Si logras objetivos, seguro que vas a encontrar nuevos retos y deberás enfrentarlos. Con esto quiero decir que si, por ejemplo, vences el miedo a endeudarte y adquieres la casa que anhelas, más adelante tendrás que enfrentar los retos de desplazamiento al trabajo, de búsqueda del jardín infantil más cercano para tu hijo pequeño, el lugar de tus compras, una nueva ruta de bus etc.

La vida es de retos pequeños, medianos y grandes, pero todos necesitan de una actitud de lucha que te lleve a enfrentarlos y superarlos. En consecuencia, debe ser la misma valentía para todos los casos. “Si miramos al presente y al futuro, advertiremos siempre oportunidades y amenazas, anhelos y preocupaciones, sueños y pesadillas. Porque nuestra humanidad radica también en saber que no controlamos cada situación. En ser conscientes de nuestra limitación. En aceptar el extraño equilibrio de los días, en saber acoger los rayos de sol que nos calientan, pero también reconocer que habrá días grises. Porque así es cada vida, una historia a medio escribir” (Rodríguez 2008).

Sentir temor es un característica de todos los seres humanos, y lo señalo porque puede quizá alguien sentir que estoy siendo insensible ante nuestra condición humana y no es cierto. El miedo es un dato humano, lo que cada uno de nosotros puede analizar es  aquello que si vale o no la pena que nos hiera o nos desvele y no quedarse quieto, sino actuar de tal manera que planteemos una solución a esa situación que vivimos.

La palabra de Dios nos ilumina en el contexto del pasaje de la tempestad calmada, cuando el viento soplaba fuerte y el mar estaba embravecido. “Jesús se había dormido en la parte de atrás, apoyado sobre una almohada. Lo despertaron y le dijeron: ¡Maestro! ¿No te importa que nos estemos hundiendo?  Jesús se levantó y dio una orden al viento, y dijo al mar: ¡Silencio! ¡Quédate quieto! El viento se calmó, y todo quedó completamente tranquilo.  Después dijo Jesús a los discípulos: ¿Por qué están asustados? ¿Todavía no tienen fe?”

Quiero partir de ese llamado de atención que Jesús hace a sus discípulos ¿Por qué están asustados? ¿Todavía no tienen fe?” les interroga por la razón de estar asustados, pero más allá considero que los interpela ante la actitud de no hacer nada por vencer a las olas y al viento; los discípulos se paralizan pensando que van a morir, o mejor que ya no hay nada que hacer, que ya se murieron y se quedan estáticos, quietos, paralizados.

El Señor con la orden dada enseña que las dificultades están para enfrentarlas, que el discípulo con una palabra llena de fe puede también decir “cállate mar”, “cállate viento” “hagan silencio”, ese es el reclamo del maestro. El reclamo no era que no creyeren en que El, que es su Señor podía salvarlos, sino en lo que ellos mismos harían para buscar la salvación, en lo que ellos mismos deben enfrentar con fe,  y así de la misma manera  desafortunadamente muchos de nosotros todos los días enfrentamos cada situación.  Y yo les digo que no puedes quedarte paralizado esperando que otro resuelva esas situaciones o que el mismo Dios baje del cielo y te las resuelva, porque entonces ¿qué pasa con tu fe?, ¿no crees que puedes actuar de tal modo que detengas la tormenta?

Esa es la tarea, que el miedo no te detenga, que la vida sepa que estás ahí como hombre de fe, como mujer de fe dando la lucha en todo momento y en el nombre del Señor con su fuerza y su poder vas a vencer, llámalo a él clama con fe y acudirá en tu ayuda, su palabra tiene poder para darte la victoria.

Oro por ti: Padre Dios. Te pido bendigas a esta persona que ha leído estas líneas, que en su corazón anide el deseo de salir adelante, que en tu nombre oh Dios pueda vencer sus temores, que ya nada lo paralice y que asuma la responsabilidad de enfrentar la vida con valentía. Amén.

 

 

Referencias:

 

Rodríguez Olaizola, José MARÍA S. J. (2008). ¿ Quién dijo miedo. Padres y Maestros. Publicación de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales, (317), 15-18.