Muchas veces, en muchas ocasiones sucede que Dios pareciera que no escucha nuestra oración. Ya esa reflexión la he compartido con ustedes en otros espacios. Hoy quiero hacer especial énfasis en la necesidad que tenemos muchas veces de cansarnos de esperar a que por un asunto sobrenatural o mágico, las cosas de repente sucedan. Sí, he dicho que tenemos la necesidad de cansarnos de esperar.

Es una realidad que nos han educado con una fe milagrera, y eso no está del todo mal, ya que de algún modo, tenemos que ser capaces de esperar en Dios, debemos sabernos acompañados y bendecidos por él. Sin embargo, no deja de ser un riesgo que no vale la pena correr, el hecho de que se nos pase la vida esperando a que las cosas sucedan porque sí, como si Dios fuera un dispensador de milagros.

Nuestra fe milagrera falla cuando no somos capaces de asumir nuestros problemas como nuestros, sino que intentamos dejárselos a Dios para que Él los resuelva. Por eso no mucha gente hoy acaba frustrada y a veces sin fe al darse cuenta que esa no es la manera en la que Dios actúa. Dios nos ha llenado de capacidades, nos ha dado su fuerza, es decir, su Espíritu Santo, nos ha dicho que Él estará con nosotros, sin embargo hemos interpretado esas palabras como una apología al Dios milagrero, al que debe hacer todo por nosotros.

No dudo en que Dios pueda actuar, sin embargo entiendo que nos ha dado libertad para que resolvamos nuestra vida, nos ha invitado constantemente a que seamos capaces de luchar contra nuestros problemas. Y no a entregárselos a Él como si fuera nuestro empleado, como si estuviera obligado a solucionar los problemas que nosotros muchas veces por afán nos ganamos.

A veces es bueno que te canses de esperar, que abras los ojos y puedas ver que Dios no soluciona nada -porque no le corresponde-, que te corresponde a ti salir a dar la pelea, y entender sobre todo que en esa pelea no estarás solo, pero que tampoco podrás poner a otro a pelear por ti.

Te invito a que tengas ánimo, a que seas capaz de entender que la compañía de Dios siempre estará contigo, pero que es tu deber salir a pelear, consciente de que Jesús ya ha vencido al mundo.