Seguimos caminando en este tiempo de Pascua. Hemos meditado que la pascua es “paso”, precisamente el paso que da Jesús de la muerte, a la vida, a través de la resurrección. Es un tiempo privilegiado para meditar entorno a esta realidad: Jesús está vivo. La iglesia nos lo recuerda con muchos signos como los aplausos en las celebraciones eucarísticas, las flores que adornan los altares y sobretodo la peculiar alegría que caracteriza este tiempo.

Seguimos caminando en Pascua y seguimos meditando entorno a la realidad que hace vivir nuestra fe: Jesús no solo ha vencido la muerte, sino que ha visitado a sus discípulos para recordarles que los acompaña, los textos evangélicos y los hechos de los apóstoles nos recuerdan una certeza que cada uno de nosotros debería tener en este tiempo: Jesús no nos abandona. Visita a sus discípulos para recodarles que su promesa se ha cumplido, no estarán solos nunca.

Seguimos caminando en Pascua y quizá para algunos sencillamente este tiempo pasa desapercibido, para muchos esto no dice nada. Por esta razón, quiero invitarte en este breve escrito a vivir este tiempo no como uno más, desaprovechando todo lo que él nos da, sino más bien vivirlo como un tiempo de gracia, como un tiempo con propósito. Hay tres ideas bajo las cuales podríamos plantear los propósitos que nos ayuden a vivir la pascua como un tiempo de bendición y no como un tiempo perdido.

  1. Propósito: Sabernos acompañados por Jesús: Hoy quizá mucha gente se siente sola, sienten que caminan por el mundo sin alguien con quien contar, eso quizá los hace vivir deprimidos, sin esperanza. El primer propósito que deberíamos plantearnos en primer momento es precisamente entender que la resurrección de Jesús es en parte una manera de decirnos que no nos dejará solo nunca, que ni siquiera la muerte nos puede separar de él, que siempre, a pesar de las cosas duras de la vida, nos acompañará. Uno de los primeros encuentros de Jesús con sus discípulos está narrado en el evangelio de Juan, en él encontramos a unos discípulos que sienten miedo y que además se sienten abandonados por Jesús, y es en esta situación en la que Jesús aparece a decirles: “les traigo la paz” y a mostrarle las manos y el costado como prueba de que es el mismo, que no ha cambiado, que no los ha abandonado.
  2. Propósito: Vivir la alegría del Resucitado: Es indispensable saber que aquel que se encuentra con el Resucitado experimenta su alegría, por lo menos eso narra el evangelio de Juan, en la misma escena presentada en el propósito 1. Los discípulos al verlo se llenaron de alegría, y luego al terminar esta aparición, salen a anunciar la Buena Noticia de Jesús, con alegría. No es posible que digamos que estamos viviendo la pascua y nuestra vida se encuentre amargada, sin ilusiones. Tenemos que ser capaces de meterle alegría aún en medio del miedo y de las dificultades.
  3. Propósito: Resucitar con el Resucitado: Una de las cosas que provoca el Resucitado es precisamente un deseo por nacer a la nueva vida, a la vida que da Jesús, aquella de la que le habló a Nicodemo en el evangelio de Juan. Encontrarnos con el resucitado debe llevarnos a resucitar de nuestras tinieblas, ese encuentro nos debe hacer producir el deseo de ser nuevos, de vivir guiados por la fuerza del Espíritu Santo.

Son tres propósitos que deberían llevarnos a vivir esta pascua como un tiempo de gracia, como un tiempo de encuentro con el Resucitado, encuentro que por supuesto genera en nosotros una experiencia única, que debe llevarnos por supuesto a movernos y a intentar dar a los demás todo lo que hemos recibido del Resucitado.