Sí, el primero de enero es un día más, tiene la misma cantidad de horas, minutos y segundos que cualquier otro. ¿Por qué no le prestamos tanta atención a los demás días del año? ¿Por qué será que no hacemos propósitos para el año un 8 de mayo o un 11 de octubre? Y existen muchas respuestas. Desde la costumbre podemos decir, porque así se hace desde siempre y no argumentamos más. Desde la ciencia podemos argumentar que ese día todos los años pasamos cerca de algún astro que nos puede cambiar la vida, pero eso tampoco es suficiente.

La verdad es que escogimos ese día y gloria a Dios porque tenemos un día para revaluar nuestra existencia, para valorar lo que nos pasó en todo el año que acaba, para replantear los objetivos para el año que empieza y es que no es malo tener un día para recordar todo este tipo de cosas.

El propósito de este texto no es desanimarlo de ponerle un matiz especial al primer día de cada año. Sino proponerles que cada día es una nueva oportunidad, todos los días deberíamos empezar con nuevos propósitos. Está bien apoyado en el primero grande del año, no hay problema, pero con la certeza de que es un camino.

No puedo contar con los días que tengo de vida cerca de mis treinta y un años, la cantidad de promesas y propósitos que hice, leí o escuché. Para este nuevo año voy a…. Pues tener un propósito no es malo, es bueno. Lo malo es creer que eso es magia, que la absoluta determinación del inicio de año, va a bastar para que lo propuesto suceda, pero lo siento esto no es magia.

Por eso quiero hacerte reflexionar en este sentido: Siempre un objetivo grande, debe ir apoyado en decisiones pequeñas. Si mi meta es rebajar treinta kilos de peso, ese es el propósito grande, el segundo debe ser rebajar las porciones de la comida, el despertar todas las mañanas y hacer un mini propósito para el día, que aporte al mediano objetivo del mes y a su vez impulse el gran propósito del año. Así y solo así, podremos saber que el primero de enero es un día más, pero que ninguno de los días que Dios nos regala, es menos importante que el otro.