“Oh Sión, adorna tu cámara nupcial y da la bienvenida a Cristo el Rey; abraza a María, porque ella es la verdadera puerta del cielo y te trae al glorioso Rey de la luz nueva” Esta es la frase que mejor resume la fiesta que como Iglesia celebramos hoy, la Presentación del Señor, ese primer encuentro de Cristo con su Iglesia a través de su madre, a través de sus padres.

Muchas veces la cotidianidad y la rutina nos envuelven de una manera tan absurda, que olvidamos o ignoramos lo importante en nuestra vida. Por eso hoy en esta hermosa y significativa fiesta, quiero hacerte dos invitaciones importantes, seguramente alguna vez ya habrás hecho algo de lo que diré, pero es momento de renovarlo y confiar en el Dios que todo lo puede.

Lo primero, motivarte a volver a dejar todo ante los pies de Dios, presenta tú también, con todo aquello que hay en tu vida: tu familia, amigos, sueños, dolores, vacíos, etc. Todo, preséntalo a sus pies y confía que como siempre todo será mejor.

Tú y yo somos templo vivo, somos sagrario, y en ello esta mi segunda invitación: abre la puerta de tu corazón y tu vida para recibir a María que de la mano de su pequeño niño vienen a traerte la Buena Nueva, vienen a llenar de luz, esos lugares donde solo hay tinieblas.

Son dos acciones que llenarán nuestra vida, que renovarán ese encuentro personal con Dios que cambió por completo nuestra vida, abrirle las puertas de nuestra vida a Jesús y María es llenar de amor nuestro existir, es recargar nuestro corazón de ese amor infinito que ellos tienen para nosotros, es sentir desde lo más profundo de nuestro ser la compañía constante y el abrazo más sincero, déjate llenar el corazón e irradia a todos los que te rodean.