Te escribo desde aquel escritorio viejo con la mirada perdida en tu silueta. El tic tac del reloj anunciando cada hora, el rocío de la noche y la mirada intermitente de mi mascota saben que te escribo. El destino no permitió que te viera, pero sé que habrá una oportunidad donde el mismo viento se deleitara en vernos. Mis palabras tendrán la fortuna de verte y esta hoja de sentir la dulzura de tus manos. Eso me tranquiliza, aunque algunas veces necesite escucharte para saber que existes y que sea tu sonrisa quien inspire tantos versos en compañía de un arrebato de poesía que sólo puede aplacarse bajo tu nombre.

He empezado a necesitarte en silencio, sin darme cuenta. Hay días lluviosos, grises, y lúgubres donde me hallo en el fondo de un abismo y recuerdo tu sonrisa, tu voz y enseguida tomó el lápiz y empiezo a retratarte en palabras. No siempre me funciona. Sin embargo, no podría escribir estos versos si no estuviera pensando en ti.

Le pediría a Dios que mis lágrimas se conviertan en gotas de agua lluvia para recorrer tu piel desnuda y tal vez así poder estar cerca de ti, aunque la distancia separe nuestros cuerpos estamos conectados cuando miramos la misma luna, el mismo sol que nos irradia y el mismo viento que besa nuestro rostro cuando la aurora quiere salir.

Tu voz siempre va acompañada de tu sonrisa. A pesar de las distancias de nuestros cuerpos nuestras voces se unen en un solo compás. El silencio del universo, la complicidad de la luna y la oscuridad de la noche le dan un toque mágico a un juego de palabras de dos almas. Son tantos minutos que pasan desapercibidos sin pedir permiso. No soy tan buen interlocutor pero contigo me sobran palabras.

Otro día más en que pienso en tus manos acariciando las mías sin límites bajo la mirada del firmamento. Otro día donde cada paso es una oportunidad para conquistarte y entrar poquito a poquito a la superficie de tu corazón sin fuerzas, sin brusquedad. Solo con poesía, insomnios felices y mañanas de café con sabor a ti. Con solo escucharte mi corazón late con tanta fuerza que es preciso escribir lo que siente porque si no lo hago puede estallar de amor.

Yo sigo escribiéndote, dedicándote cada palabra, cada arrebato de poesía, cada sonrisa cómplice, cada madrugada, cada mañana lluviosa, cada pensamiento y cada respirar. Esperando que tú me dediques la complicidad de tus besos…