Estamos ante la otra cara de la moneda del episodio de ayer. El (joven) rico no fue capaz de renunciar a sus bienes para seguir a Jesús, los discípulos en cambio sí lo hicieron.

Todo parte del contraste entre el rico y los discípulos de Jesús. Cuando el (joven) rico se aleja, Pedro toma la palabra como de costumbre, haciéndose vocero del grupo, y ‘rompe el hielo’ creado por la situación (como antes en Mc 8,29; 9,5-6).

Pedro hace una especie de balance de la historia vivida con Jesús. Pone al frente el recuerdo de la novedad creada a partir del primer día de su vocación: ‘Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo para seguirte’ (v.28).

Repasemos las palabras de Pedro y la respuesta de Jesús.

Primero, la fuerza de un sí radical

‘Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido’ (v.28)

La renuncia de los discípulos de Jesús había sido radical. No sólo dejaron familia, aldea, amigos, propiedades, oficios; también renunciaron a sus proyectos, ideas, costumbres. Los pescadores con puesto fijo en el lago se habían vuelto itinerantes y abiertos a nuevos mundos más allá de su estrecha geografía y de su visión de la vida.

¡Habían dejado todo! Ahora viven de lo provisorio, sin seguridades.

La afirmación deja en vilo una expectativa. En este relato no es explícita, pero en Mt 19,27 sí: ¿Cuál será la recompensa? En esa versión las palabras de Pedro reflejan todavía una lógica contractual. Como quien dice: nadie hace nada porque sí.

En todo caso la manera como Pedro habla deja ver una satisfacción y una preocupación. Satisfacción, porque fueron capaces de desprenderse de algunos bienes para enfocar sus vidas en el seguimiento de Jesús paso a paso. Preocupación, porque después de haber dado este paso, ahora parece que el camino lleva hacia una muerte; es decir, si las cosas siguen así, ¿qué garantías hay de la contrapartida?

Segundo, el valor y la fecundidad que trae la entrega a Jesús y el Evangelio

La respuesta de Jesús es inmediata, solemne y fuerte. Les recuerda dos cosas: (1) aquello que han dejado y (2) lo que han recibido. Las dos listas nos recuerdan los dos movimientos del ‘vete’ y ‘ven’ que le propuso al rico.

Las dos listas forman un paralelo, pero tienen variantes dignas de observación:

Uno. Se nota que por cada cosa que dejan, reciben el céntuplo, como una forma de subrayar la multiplicidad de relaciones que caracteriza a la comunidad de vida y de amor que ahora constituyen. Se deja algo y se encuentra todo.

Seguir a Jesús no es tanto cuestión de sacrificios, sino de multiplicaciones. De lo que se renuncia es de aquello que impide el vuelo, evangelio es adicción de vida, de relaciones nuevas, profundas, satisfactorias.

Dos. Se hace notar también que se deja al ‘papá’, pero en este caso no se recibe el céntuplo. Así se recuerda que junto con Jesús ellos están haciendo la experiencia del Dios del Reino, que es el Padre, el Dios único (como lo recordó el rico: ’Sólo uno es bueno: Dios’, v.18).

Tres. Se nota igualmente que Jesús hace la lista de los vínculos familiares más importantes, pero no se dice que se acabe la relación entre marido y mujer. Esto podría ser un indicio de que no era necesario disolver el vínculo matrimonial para seguir a Jesús (así lo recuerda Pablo en 1 Corintios 9,5).

Valga recordar que la mujer o el marido no constituían una ‘posesión’ de su cónyuge, sino que se trataba de algo más grane e indisoluble (ver Mc 10,1-9). Por otro, sonaría raro el recibir después el céntuplo de maridos o mujeres, ¿verdad?

En pocas palabras, Jesús le ofrece una recompensa inimaginable. Pero implica un giro en la forma habitual de ver las cosas:
– Pasar de una lógica contractual a una elección de fe y de amor.
– Pasar del tener bienes al ser de la persona.
– Pasar de la búsqueda de algo por sí al vivir en comunión con él, que es lo que llena finalmente.

Más que ofrecerle cosas, Jesús le muestra a Pedro el valor y la fecundidad de la buena decisión que tomó cuando aceptó seguirlo.

Ahora bien, se trata de una gran riqueza pero con la marca de la cruz. Donde se pone el acento es en el hecho de las persecuciones: Toda esa maravilla… con persecuciones (v.30a).

¿Y por qué tanta insistencia en el tema?

Probablemente se trate de la realidad de la comunidad de Marcos, que era perseguida, o quizás también porque el Maestro quiere afirmar a la comunidad para que sepa superar los momentos difíciles.

En todo caso, que Jesús anuncie su propia cruz pascual tres veces, implica para los discípulos tener presente que ese puede ser también su destino.

El punto es que el seguimiento de Jesús no puede ignorar el misterio del sufrimiento. Ya pasó por ahí Juan Bautista, sigue ahora Jesús y le llegará el turno a los discípulos.

Con todo y esto, el sufrimiento no es el punto final, el punto de llegada es ‘la vida eterna’: todo lo que reciben centuplicado viene ’junto con persecuciones y en la realidad futura la vida eterna’ (v.30b).

La ‘vida eterna’ era precisamente lo que el (joven) rico trataba de asegurarse cuando abordó a Jesús en el camino (10,17). Tal como en aquella ocasión, la ‘vida eterna’ no es el resultado de un ‘hacer’ por cuenta propia, como ocurre con la práctica de los mandamientos, sino que es un don que Dios da a quienes dejan sus bienes más preciosos ‘por causa mía y del Evangelio’ (v.29).

Tercero, seguir a Jesús implica una reubicación… ¿Cuál es mi puesto?

Jesús termina con una frase contundente: ‘Y muchos que ahora son los primeros serán los últimos, y muchos que ahora son los últimos serán los primeros’ (v.31).

¿A quién se refiere Jesús? Una interpretación posible en el contexto del relato es que los que llegaron primero vocacionalmente resulten ser los últimos en ser admitidos en el Reino. Sin embargo, el primado de que habla Jesús no es de tipo temporal, de otro orden. Esto es, aquellos que en la comunidad se consideren en primer puesto en la escala social, en los privilegios, serán colocados en el último puesto.

En el texto griego hay un ‘pero’ (expresado con la conjunción adversativa ‘de’, que en la traducción no aparece). La contraposición es esta: el hecho de haber dejado todo y de recibir el céntuplo, no significa que uno tenga asegurada la vida eterna.

Lo único que asegura la vida eterna es el ponerse en el último lugar, en el del servidor de todos, que es el lugar por el que optó Jesús. Él escogió la posición baja de un esclavo (ver Mc 9,33-37 y 10,31; Pablo lo subraya en Flp 2,7).

Quien se pone al servicio y abre sus brazos para la acogida, ése es el primero. Quien no busca puestos de gobierno ni trata de imponerse como superior o más capaz que sus compañeros, ése es el primero.

El camino del discipulado se contrapone a esas actitudes altamente nocivas para la comunidad. En cambio, tiene en vista una rica fraternidad, donde todos son iguales, se interesan unos por otros y se ayudan con alegría y desinterés.

El final empata con la solicitud inicial del (joven) rico. ¿A dónde lleva el seguimiento de Jesús? A la vida eterna, ciertamente. Pero ahora Jesús lo colorea más:

– Hacia una fraternidad que te acoge.
– Hacia una seguridad económica, pero que es de otro tipo.
– Hacia una afectividad que va más allá del generar y no por eso está impedida de ser don para los los otros.
– Hacia una comunión con el Señor que todo lo incluye.

Pedro, ¿qué más quieres?