El encuentro en el camino de un rico con el rabbí de Galilea, comienza con una pregunta. Desea de corazón alcanzar la vida eterna. Al final se irá decepcionado porque tiene un bello sueño pero no la valentía para transformarlo en realidad.

¿Qué marcó el giro? Fueron las palabras de Jesús: ‘Ve, Vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres… Luego, ven y sígueme’.

Observemos tres aspectos que se ponen en juego en la narración: primero, lo que le falta al rico; segundo, el contraste con los discípulos que sí dan el paso; y tercero, el núcleo de la propuesta.

Primero, ‘Una cosa te falta’

El rico ya tiene una brillante trayectoria, pero algo le falta. Su relación con Dios ha sido sostenida por un perímetro ético bien circunscrito, el cumplimiento impecable de los mandamientos. Sin embargo, está insatisfecho, esto no le basta.

El rico es retratado como un buscador de plenitud de vida. Tiene sed de Dios, de vida eterna. Le agita la inquietud interior. Es de esas personas a las que siempre les falta algo, que se topan con un vacío interior y se arrojan con sinceridad como los buscadores de tesoros.

Es como si esta persona intuyera que la vida avanza y progresa gracias a ‘ausencias que nos hacen vivir’ (R. M. Rilke). Vivimos de ausencias gracias a las cuales intuimos una llamada más profunda, para salir de nosotros jalados por la sed de infinito.

Jesús lo capta. El narrador anota: ‘Fijó en él su mirada y quedó prendado de él’ (literalmente: ‘Lo amó’). La mirada intensa con que Jesús lo abraza es la primera respuesta a su ‘pero’. Lo ama precisamente por esa inquietud que le abre al futuro y que le hace una persona de preguntas y de búsquedas.

Entonces le propone un ‘ir’ y ‘venir’. Un giro en la vida semejante al de una muerte y una resurrección. Es un giro pascual que supone un movimiento de despojo total y otro de apropiación total de la persona de Jesús y su camino. Vaciarse para llenarse.

Segundo, el contraste con los discípulos que sí han dado el paso

La negativa del rico resulta motivo de reflexión para Jesús y sus discípulos. Jesús hace caer en cuenta de la dificultad pero también de la no imposibilidad de responder a ese llamado.

Enseguida se contrasta con la respuesta positiva de los discípulos. Dice Pedro: ‘Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido’.

Un detalle curioso es el anonimato del rico, No se revela su nombre sino un adjetivo, como si su identidad coincidiera con su dinero.

En el evangelio otros ricos que responden positivamente tienen nombre: Leví, Zaqueo, Lázaro, Susana, Juana. Son discípulos que se asocian a los Doce dejando de poner su seguridad en sus propiedades para hacer crecer la vida alrededor suyo, para ponerlas al servicio de la misión del Reino. Ellos entendieron la frase ‘dáselo a los pobres’.

El despojo que Jesús pide es el ejercicio del compartir. Más que la sobriedad, pide la solidaridad. El verdadero tesoro no son las cosas sino las personas. Dios nos ha dado las cosas para servirnos de ellas y a las personas para amarlas, pero infelizmente puede ocurrir lo contrario: amar las cosas y servirse de las personas.

Lo que ocurre en el seguimiento de Jesús es una paradoja: liberas tu corazón de todo pero al mismo tiempo creas nuevos vínculos en un mundo relacional fecundo lleno de hermanos que no imaginabas.

En el seguimiento de Jesús hay un salto cualitativo en el que la renuncia no es un vacío sino una vida multiplicada que se llena de centenares de rostros amados: ‘cien veces más en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y campos, con persecuciones; y en lo venidero, la vida eterna’.

Un dejarlo todo para tenerlo todo en una relación cualitativamente superior que abre posibilidades impensables. En esta intensa fraternidad comienza una vida eterna que sabe a alegría, libertad y plenitud.

Tercero, el núcleo de la propuesta

Una clave de lectura que a veces pasa desapercibida está puesta en la primera frase del relato: ‘Cuando Jesús salía para ponerse en camino’. Un lector de Marcos sabe que se trata del camino que lleva a la cruz. El ‘ven y sígueme’ supone ese registro.

La tristeza con que el rico se marcha delata que Jesús le tocó en un punto en el que no cedió: el aferrarse a sus seguridades. No sólo las que da el dinero sino su seguridad ética.

Lo que Jesús pone en el centro es un vínculo personal con él, esto es lo que lleva a la vida: primero, ‘Le amó…’, luego lo invitó ‘Ven y sígue-ME’, lo cual implica un dejarlo todo ‘Por MI y por el Evangelio’.

Lo que le dará la vida eterna, la salvación, no será una nueva y buena obra particular por realizar sino una persona, un rostro reconocido, acogido y amado. Lo que se pide es poner los pasos no detrás de las convicciones sino de un alguien, de Jesús, por eso el ‘Sígue-ME’.

Lo que Jesús propuso, lo que le faltaba al rico, era ese ‘Me’. Es en Él que se resignifica todo y se alcanza la libertad y una rara espontaneidad en la vida. Ese es el verdadero tesoro.

Cuando se camina unido a Jesús cambia la visión de la vida: tú eres lo que te atrevas a dar, no lo que logres acumular; tú eres comunión de rostros amados por los que te das con entusiasmo. Y donde parece que somos incapaces, Dios interviene y lleva a plenitud nuestra existencia.

’Una cosa te falta’. Unido a Jesús y en su camino, siéntete responsable de la vida de los otros y Dios se hará garante de la tuya, para siempre.