Qué importa qué van a decir. Igual dirán. Lo hagas bien o lo hagas mal, algo van a decir. La gente que  crítica por criticar, la que no es feliz viendo a otros ser felices, la que piensa que es la única capaz de hacer las cosas perfectamente, esa gente está en todos lados. Y es inútil y masoquista aplazar la felicidad propia por lo que los otros puedan o no decir sobre nuestras decisiones y sobre nuestras vidas. Estoy seguro que no hay manera más estúpida de negarse la libertad que hacerse la pregunta: ¿qué van a decir los demás?

Uno tiene que curarse de esa mala costumbre de actuar para agradar a los demás, de moldearse a las formas de los otros y de someter las propias decisiones a juicios ajenos al de uno mismo. Yo sé que hay gente a la que uno le tiene que prestar atención en la vida, a la que uno tiene que escuchar cuando está a punto de dar un paso trascendental, incluso a la que uno va a consultarle lo que  quiere hacer. Seguro que a la gente que nos quiere tenemos que oírla, sin embargo, no son ellos quienes toman las decisiones por nosotros, sino que está en nuestras propias manos dar el veredicto final sobre una acción que queramos realizar.

Pienso en toda le gente que aplazó los sueños por esa enfermiza pregunta, por el ¿qué van a decir? Ven acá, y ¿es que acaso importa mucho lo que los otros digan? Tenemos que entender que algunos incluso dicen, con el único y exclusivo fin de dañarnos, por eso aunque nos matemos por hacerlo bien, no hará falta quien siempre encuentre un error, gente que parece que no tuviera vida y errores propios para entretenerse.

No vale la pena vivir esperando la aceptación de los demás –si es que eso es vivir-. Quizá nunca llegue, quizá se quede uno esperando sentado y se haga viejo y se muera. Hay que ser capaces de dar el salto, de dar el primer paso. Ve y busca a la persona con la que  quieres estar, dedícate a hacer eso que tanto te gusta, vete de donde te están haciendo daño, vive a la manera que quieras, toma las decisiones que te hagan feliz, disfruta de este corto paso por el mundo que Dios te ha dado, que al fin y al cabo es para eso, para disfrutar. Y si se te pasa por la cabeza, si siquiera piensas en lo que los otros puedan decir sobre lo que haces o lo que eres, recuerda que  uno no arriesga la felicidad por las opiniones de gente que no ha ayudado a crecer, ni se niega la libertad por las imágenes que ellos se hagan de uno.

Ey, un consejo gratis: hazlo aunque hablen. Hazlo y que digan. Hazlo y siéntate a mirar con la satisfacción de haberlo hecho, de haber dado el paso, lo que los otros puedan decir para dañarte, con la plena certeza de que eso que ellos dicen no te determina y que la felicidad de haberlo intentado, la felicidad que es amiga de la libertad, no te la quita nadie, no te la quita lo que los otros puedan decir. Deja de preguntarte qué van decir, deja de sufrir por las opiniones. Coge tu vida y vívela tú, que al fin y al cabo es tuya, y eres quien responde por ella. Lo demás siempre será solo “lo que  los otros puedan decir”.