La imagen más difundida entre los cristianos de ese siglo es el crucifijo. Para los cristianos de los primeros tiempos fue la del Buen Pastor. Todavía se conservan más de cien de estas efigies, anteriores al siglo V, y por lo menos tres son del siglo I.

Al principio, los cristianos adaptaban para uso sagrado, en las paredes de sus catacumbas y en las tapas de los sarcófagos, imágenes de pastores realizadas por artistas griegos, pues entre estos era frecuente representar al dios Hermes con un cordero en los hombros. Esta figura inspiró posiblemente las imágenes de Jesús, aunque también se encuentran otras que muestran al Señor guiando al rebaño u ordeñando las ovejas.

Estas representaciones evocan el lenguaje de la Biblia, pues en ella Dios se compara con un pastor (Is. 44,28; Jr. 23, 1-6; Ez. 44, 11-31; Sal. 23, 1-5). Allí se encuentran también vaticinios proféticos que hablan del futuro Mesías como de un pastor (Is. 40,11; Ez. 34,23; Zc. 11, 7-8; 13,7).

Cristo mismo se denominó como Buen Pastor, para darnos a comprender el amor con que nos conoce, nos busca, nos guía, nos alimenta, nos defiende del lobo, y llega a dar la vida por su rebaño (Mt. 18, 12-14; 26, 31; Mc. 14, 27; Lc. 15, 3-7; Jn 10, 1-18).

Basados en la enseñanza del Señor, los apóstoles le dan a Jesús el nombre de Pastor y Guardián de las almas (1Ped. 2,25), de Mayoral, o sea Jefe de los Pastores (1Ped. 5,4), de gran Pastor de las ovejas (Heb. 13,20), y designan con el nombre de pastores a quienes en nombre de Jesús orientan el caminar de la Iglesia (Jn. 21, 15-17; Ef. 4,11).

De fines del siglo II es el bello epitafio de la tumba de San Abercio, una de cuyas frases dice: “Mi nombre es Abercio; soy discípulo del Pastor puro, que pastorea rebaños de ovejas por montes y llanuras, que tiene ojos grandes, omnividentes”.

Un sinónimo de rebaño es Grey, palabra que proviene de la voz latina “Grex”. De ahí los vocablos españoles agregar, segregar, congregar, que significan añadir, separar o reunir el rebaño.

Los cristianos somos las ovejas congregadas por Cristo en la Grey universal, de la que Él es el Pastor Bueno, o el Pastor Bello como, como dice el evangelio (Jn. 10, 11-14; Mt. 9,36).