El Sábado Santo es el día más trascendental en la celebración del Triduo Pascual, pues en él se celebra la Vigilia Pascual, donde se exalta el momento del paso de la muerte a la resurrección de Jesús Nuestro Señor, por eso debe ser el día de mayor afluencia de cristianos católicos a esta celebración, porque si fue importante asistir a la Cena del Señor y al Lavatorio de los pies, al Viacrucis y a la Pasión y Muerte del Señor, lo será asistir para celebrar con mucho gozo y alegría la Resurrección de Jesucristo Nuestro Salvador.

La Vigilia Pascual la vivimos en cuatro momentos muy importantes a saber: la Bendición del Fuego y del Cirio Pascual, la Liturgia de la Palabra, la Liturgia Bautismal y finalmente la Liturgia Eucarística.

La Bendición del fuego que en la mayoría de veces se realiza a partir de la fogata que los fieles encienden en algún lugar cercano a la parroquia o al templo, allí el sacerdote hace esta bendición y prepara el Cirio Pascual que se encenderá con esta luz bendita que simboliza a Cristo que ilumina nuestras tinieblas, una vez que se enciende se comunica esta luz a todos los creyentes allí reunidos, afirmando que la luz de Cristo ilumina nuestras vidas dándole sentido.

Se realiza la procesión hacia el Templo con el Cirio Pascual encendido y cantando, hasta llegar al lugar de la celebración, donde se anuncia y canta el Pregón Pascual, el cual es un himno de victoria de Cristo sobre la muerte, cuya solemnidad embarga los corazones de la emoción por la victoria de Cristo en la Cruz, proclamando enfáticamente el accionar de Dios en la Historia de la Salvación.

En un segundo momento se da la Liturgia de la Palabra, donde se proponen nueve lecturas, siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo Testamento, por razones pastorales en algunos lugares se reducen las lecturas del Antiguo, pero se sugiere que lo mejor es realizarlas todas, cada lectura va acompañada de un salmo, todo esto para reafirmar con la Sagrada Escritura la acción salvadora de Dios ratificado en Cristo Jesús el Mesías.

Terminada la Carta de San Pablo a los Romanos y antes del salmo, el sacerdote entona solemnemente el Aleluya, a lo cual los fieles responden con cantos y aplausos respondiendo con júbilo y gozo por la resurrección de Jesús, igualmente antes de la proclamación del Evangelio se vuelve a cantar el Aleluya que durante la Cuaresma se había suspendido y que ahora nuevamente con todas las ganas se canta exultando a Dios por la resurrección de Cristo.

Terminada la homilía del sacerdote se da la Liturgia Bautismal, en donde se bendice el agua para el Bautismo de los catecúmenos y niños que van a recibir el sacramento, pero antes se cantan las letanías que es un reconocimiento a los santos que nos han precedido en el camino de la fe, ahora se procede a la bendición del agua bautismal para el sacramento y la bendición del agua para todos los fieles que traen para este fin, seguidamente se hace la renovación de las promesas y renuncias bautismales de los fieles, esto para hacernos conscientes del don que hemos recibido en el Bautismo y el cual tenemos que portar debidamente.

Finalmente se celebra la Liturgia Eucarística donde se sella el amor profundo que Dios tiene por todos sus hijos en la entrega definitiva y total de Jesús en su Cuerpo y en su Sangre, invitándonos a vivir como auténticos bautizados, miembros del Nuevo Pueblo de Dios fundado en Cristo Jesús Señor y Salvador Nuestro.

El gozo del Resucitado llene nuestras existencias y nos permita vivir como hombres y mujeres nuevos llenos de la gracia del Espíritu Santo!