¡Sí!, me parece interesante compartir contigo que mi pasión es Jesús. Desde que tengo uso de razón, soy consciente de la presencia de un Dios amoroso y perfecto en mi vida. Tal vez cuando niño esa conciencia era concebida de manera diferente, pero al fin y al cabo ahí siempre ha estado. Me ha acompañado en mi crecimiento, en mis etapas de vida, en mi toma de decisiones; Dios ha sido una verdadera guía para que siempre supiera tomar el mejor camino.

Sin embargo, como a muchos nos pasa, la relación con Él se mantenía – en cierta forma – en secreto. La figura de Dios no ha sido la más popular en el mundo de muchos jóvenes y estuve en ese grupo durante mucho tiempo, primero muerto que mostrarme débil y vulnerable “por andar siguiendo al Dios de los viejos”. ¡Qué tonto!, avergonzarme de quien, con un soplo de su Espíritu, me dio vida, me lo ha dado todo y sigue siendo la fuente que impulsa e inspira mi vida.

Hoy comprendo que es normal; esas cosas deben suceder, hay que tocar fondo muchas veces para asimilar que solos, es imposible seguir caminando en este desierto de la vida y no morir en el intento. Abrí los ojos y especialmente el corazón hace algunos años, para morir a mi viejo yo y renacer en Él, por su misericordia y solo por su Gracia ser un hombre nuevo.

¿Qué si soy perfecto? Para nada, me falta mucho y muy probablemente jamás llegue a serlo, tampoco lo pretendo, solo quiero vivir a imitación de ese Jesús de Nazareth que como nosotros, caminó en esta tierra, trabajó, padeció dolores, dudas, tristezas, preocupaciones, alegrías y nos dejó un claro manual de vida: Ama a todos como si se tratara de ti mismo (en mis propias palabras).

Ese amor, del que me cuesta mucho encontrar palabras para describir, me inspiró a hablar de Él siempre, a dedicar mi profesión a anunciarlo; por las redes sociales, en encuentros espontáneos con mis amigos o familia pero lo más importante… con mis propios actos. Para mí, solo Dios es necesario; vivo mis días procurando escucharlo a lo interno de mi corazón y encontrarlo en las personas con quienes tropiezo a diario, pues sólo Él basta para vivir la vida en verdadera plenitud.

Espero me acompañes en este caminar, ahora por esta vía, en la que periódicamente abriré mi corazón para compartirte lo más grande que tengo en la vida y lo único que necesito para vivir… aquello que me hace repetir siempre… ¡Solo Dios Basta!

¡Un abrazo en Jesús y María!


José Andrés Hurtado
@solodiosbastave
Solo Dios Basta