El perdón es una decisión de amar a la persona como es permanentemente, aceptando disculpas y mostrando misericordia. El perdón capacita para amar y crecer, tanto a quien lo otorga como a la persona que acepta. Nos reconcilia con los demás, cura el espíritu y en gran mayoría de veces también el cuerpo.

Cuando alguien nos hiere y nos apegamos a esa herida no podemos amar. Interponemos un muro entre esa persona y nosotros y, hasta cierto punto, extendemos este muro para excluir también a los demás.

Por eso nos dice la Palabra: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente, y ama a tu prójimo como a te amas a ti mismo.”(Lc.10,27)
Esta es la propuesta que se nos hace, pero resulta difícil por nuestras limitaciones humanas, por lo que hemos vivido y sufrido. Por eso debemos iniciar un proceso para perdonar. Entonces la pregunta es: ¿A quién debemos perdonar?

Primero debemos perdonar a Dios, parece absurdo esto, pero realmente es lo primero que se debe revisar, porque sin darnos cuenta, en nuestro interior hay resentimientos con Él, por lo que no hizo o que permitió que los demás hicieran con nosotros. “Hable imprudentemente de cosas que no conocía, de cosas maravillosas superiores a mí. Yo te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos. Por esto retiro mis palabras y hago penitencia” (Job 42,3-5).

Existen personas con resentimientos hacia El, culpándolo de sus desgracias y dolencias, como por ejemplo la muerte de un ser querido, una oración no contestada, el desconocimiento de la voluntad auténtica de Dios para nosotros. Es necesario entonces arrancar del corazón cualquier sentimiento de rencor que hubiésemos dejado nacer por ofensas que no existieron, pero que nosotros creamos en nuestra imaginación. Perdonar las injurias es una obra de misericordia espiritual.

El segundo paso es perdonarse a sí mismo, es muy difícil amar si no nos amamos primero a nosotros, de la misma forma es difícil perdonar cuando no lo hemos hecho con nosotros. Cuando herimos a alguien o hacemos algo que nos avergüenza, nos encerramos en nuestra culpa y entonces nos sentimos incapaces para decir lo siento, o demasiado paralizados por la aserción hacia nosotros mismos como para abrirnos a los demás.

El tercer paso y como fruto de los anteriores es el perdonar al prójimo. “Hombre que a hombre guarda odio ¿cómo puede esperar de Dios la curación?” (Eclo 28,3) “Todo cuanto pidan, crean que ya lo han recibido, y lo obtendrán. Y cuando se pongan de pie para orar, perdonen si tienen algo contra alguno.” (Mc. 11,24-25). Dios exige que pida perdón quien primero se acuerde del problema, no dice que pida perdón el que primero haya ofendido. Es difícil hacerlo que di recurrimos al Señor, nos dará la fuerza necesaria para hacerlo y derribar los muros que se han construido en la relación con los demás.

“Dice Pedro ¿Señor, hasta cuántas veces tengo que perdonar las ofensas de mi hermano? ¿Hasta siete veces? Dice Jesús: no te digo siete, sino hasta setenta veces siete” (Mt. 18, 21-22) Perdonar setenta veces siete significa perdonar siempre.

Como esto no es fácil se nos dan unos pasos para poder perdonar, estos:

  1. Reconocer la equivocación.
  2. Quiero perdonar
  3. Piense en la otra persona
  4. Perdono
  5. Sanación Interior para curar heridas