Tan frecuente se vuelve muchas veces nuestra oración de súplica, que terminamos convirtiendo la oración una ‘tepiditis intensiva’: te pido… te pido que… te pido por… y así se nos pasan nuestros encuentros con Dios pidiendo y pidiendo, sin recordar todo lo que implica la oración, esto es agradecer, alabar, adorar y muchas veces discutir con Dios. A continuación, te brindo una oración que no pretende ser el modelo de oración, sino sólo una guía para que le digas a Dios que no vienes a pedirle nada, que solo vienes a darle gracias y a expresarle lo que siente tu corazón:

Señor mío y Dios mío:

Vengo delante de ti para darte gracias por mi vida.
No vengo a pedirte nada, no vengo a decirte que me des algo.
Quiero dejar atrás esa oración interesada y poner en su lugar una oración de acción de gracias.
Quiero ser capaz de alejarme del pedir, y sentar mi cabeza en una oración agradecida.
Tengo muchas cosas por las cuales agradecer hoy, basta solo levantar la mirada para sentir que estoy vivo, basta solo ver a las personas que amo bien, basta con decirle a aquellos con los que comparto la vida que los amo para entender que estás haciendo tu obra en mí.
Miro a mi alrededor y encuentro razones infinitas para ser agradecido. Puedo respirar, puedo caminar, puedo luchar, puedo salir adelante, estoy lleno de capacidades que has puesto en mí para que yo pueda caminar tranquilo.
Miro también y encuentro problemas, pruebas que enfrento y que me hacen muchas veces tambalear, pero que quiero entender hoy como una manera de crecer, como un modo de aprender…
Esta es la oración más sincera que te ofrezco desde mi corazón, una oración que solo pretende reconocer lo bueno que eres, una oración que más allá de la tepiditis, trae una acción de gracias y un ofrecimiento. Te entrego mi corazón y todo lo que hay en él, te consagro mi vida como una hostia viva…

Bendito y alabado seas por siempre, por la fuerza que infundes en mí, por todo lo que realizas en mí. Sé que tu gracia me llena y que puedo salir adelante con confianza, porque tu amor me sostiene en medio de la pruebas.

Hoy no vengo a pedirte nada, sino solo a agradecer, porque ya me has dado demasiado, y nada hay en mí que no proceda de ti… Amén