Ser auténticos es hoy por hoy clave del éxito y es una competencia que la sociedad está exigiendo a cada persona. La innovación en muchos aspectos de la vida depende de una mentalidad fresca, atractiva y que sobre todo actúe con mucha propiedad desde su ser y sus convicciones. Y hablo de ser exitosos en todos los aspectos de la vida, pasando por la estabilidad económica pero también tocando la estabilidad emocional, sentimental y relacional en general.

Ser auténticos es hoy por hoy clave del éxito y es una competencia que la sociedad está exigiendo a cada persona. La innovación en muchos aspectos de la vida depende de una mentalidad fresca, atractiva y que sobre todo actúe con mucha propiedad desde su ser y sus convicciones. Y hablo de ser exitosos en todos los aspectos de la vida, pasando por la estabilidad económica pero también tocando la estabilidad emocional, sentimental y relacional en general.

Cuando por conveniencia o “por amor”  renuncias a ser tú, estás condicionando tu felicidad, estás firmando un cheque en blanco que te llevará a situaciones estresantes, extenuantes y poco satisfactorias en donde se disfrutará poco y se sufrirá mucho. De esta manera te sentirás estancado en lo profesional o lo laboral e inestable en lo relacional con tu pareja.

Invitarte entonces a no renunciar a seguir siendo tú, no es un llamado a realizar actos indebidos, no se trata de desbocarse en la vida, a la parranda y al disfrute desenfrenado y sin control, ¡no! no se trata de eso. Hago la aclaración para que podamos entendernos. Pues los aspectos conductuales que regula el entorno y la sociedad a la que pertenecemos buscan mantener una sana convivencia respetándonos los unos a los otros sin agredirnos.

Seguir siendo tú es aceptarte y buscar que el otro te acepte cómo eres, que valore y respete tus sueños. Y tú no debes renunciar a tus principios de realización personal que van desde lo humano hasta lo profesional. Hablo entonces de los famosos “innegociables” que muchos expertos profesan.

Voy a poner un ejemplo que nos ilustra y  quizás puede ayudarnos a comprender un tanto mejor lo que te propongo: Una joven inició una relación de pareja con un hombre unos años mayor que ella. Era un buen tipo sólo que obsesionado con su trabajo y sus responsabilidades; tenían una relación estable podían salir de vez en cuando juntos pero esas salidas dependían de la agenda de reuniones y actividades de fin de semana que él tenía en su trabajo. Ella aceptó la relación así bajo esas condiciones, él pedía comprensión y ella al estar enamorada accedió y así pasaron un largo tiempo. Ella esperaba que todo se formalizara, que la relación avanzara hacia algo más serio y duradero y no se daba. En los años de noviazgo ella adoptó una manera de vestir moderada, era recatada, respetuosa, cuidaba su figura porque él lo hacía y le gustaba un tipo de mujer delgada y siempre bien vestida. Pero ambos no se daban cuenta que la relación desde sus inicios no la estaban disfrutando, que se querían y decían amarse pero que ambos habían renunciado a quererse desde sus sueños y anhelos y dejaron de preocuparse por sí mismos. El gran beneficiado era él, ¡quien renunció a ser auténtica, fue ella! Con el pasar del tiempo; entre ires y venires, discusiones y diálogos, terminaron la relación y semanas después ella empezó a vestir como le gustaba, a alimentarse como quería, cuidándose pero no sacrificándose, a salir con sus amigas y en fin… retomó muchas cosas de su vida que había cambiado por aquella relación.

Este corto ejemplo que les he colocado nos lleva a darnos cuenta cómo muchas veces, la renuncia a ser uno mismo lo puede llevar a sufrir una relación y no a disfrutarla. Ella renunció a todo y una vez sintió libertad retomó su ser, sus sueños y empezó a crecer mucho más como persona. También él empezó a sentir que su trabajo fluía más y que se dedicaba tiempo para él y empezó a tomar control de todo lo que había perdido por concentrarse sólo en el trabajo y que lo había llevado a olvidarse de sí mismo, de su apariencia, del disfrute, de la vida. Empezó a ver la ciudad con otros ojos, a caminar libremente, a dejar las cosas del trabajo en el trabajo y a disfrutar de los amigos. Entendió que había querido mucho a aquella mujer pero, que sin lugar a dudas le había causado muchos momentos de estrés y la había convertido en otra persona más parecida a él y menos parecida a ella, que en su momento era lo que le había encantado.

Este ejemplo vale para los diferentes aspectos de la vida y sobre todo cuando deseamos ser personas exitosas. Uno quiere disfrutar el trabajo, no sufrirlo. Debemos disfrutar a la persona que tenemos a nuestro lado porque es complementaría a mí, desde su ser individual y propio, con sus risas, con sus sueños, con sus anhelos y no llevarlo a que renuncie a sus deseos y anhelos.

La vida está esperando por ti y te quiere con tus talentos, no con los talentos que otras personas quieren que tengas, te quiere con tus capacidades y limitaciones no con imitaciones y falsas promesas. Vivir es buscar ser felices y ello viene atado a nuestra autenticidad siendo personas que le queremos ofrecer al mundo lo que sabemos: nuestras habilidades, nuestras competencias y comprensiones. Sólo así hallarás tu lugar en el mundo. ¡Dios nos quiere felices!