Las lecturas de hoy nos invitan a no quedarnos en las añoranzas, sino a dedicarnos a ser felices. Debemos aprender a vivir el tiempo que nos corresponde y no anticiparnos a lo que pueda venir en el futuro. Quedarse en las añoranzas es quedarse estancado y eso no vale, nos corresponde vivir y disfrutar de la dinámica de cada día, sacando el mayor provecho de cada momento. Pidámosle a Dios que nos enseñe a disfrutar de cada regalo que nos da a diario y a agradecerle por su inmensa misericordia. 

Escucha la homilía completa en: