Hace poco tomé un servicio público para llegar a casa, pero antes llevé a una compañera. Al dejarla, el chofer empezó a hablarme y me hizo una pregunta: ¿Por qué me pasan cosas malas si actúo bien con los demás? Miró el retrovisor mientras sus manos sostenían el volante y continúo diciendo:

– La vida muchas veces es injusta porque me niega las cosas que quiero. Intento hacer las cosas que quiero de buena manera y siempre me terminan jodiendo…Tengo ganas de llorar, de dejar todo a un lado. No sé si puedo aguantar esto que estoy viviendo…

Un silencio llenó cada lugar del carro. No sabía qué decir ni qué hacer. Sentía que no encontraba las palabras perfectas, ¿qué decirle?, solo supe que tenía que escuchar.

En el semáforo miró por la ventana diciendo:

– Uno tiene que ser malo para que lo quieran, no hay otra manera. ..

Llegamos al lugar de destino, y al bajarme solo me despedí sin mediar palabra alguna.

Sobre mi mesa noche mientras meditaba aquel suceso, me puse a escribir las siguientes líneas para aquellos que sienten que todo está perdido:

Mientras tenga vida trataré de aprovechar cada aire de mi pulmón para no rendirme ni en mi último aliento.

Mientras tenga vida seguiré creyendo en mis principios sin negociar lo que me hace feliz.

Mientras tenga vida usaré lo que esté a mi alcance para ser luz y no dejar que nadie apague la mía.

Mientras tenga vida perseguiré mis sueños sin mirar atrás.

Mientras tenga vida sabré soltar aquello que me hace sufrir porque es la única manera de aprender a volar.

Mientras tenga vida tendré presente que la única razón por la que vivo es porque hubo alguien que en una cruz me enseño que la manera de vivir en los momentos más duros es levantando mis brazos…

Que hoy puedas mirar a Jesús y entender que no todo está perdido.