Hoy no lo entiendo muy bien, le doy vueltas, intento encontrar las razones que tuvo para invitarme a mí, que no soy más que un ‘pelao’ empezando sus primeros 20 años, con muchos sueños, con alguna que otra inmadurez… lo pienso y no lo entiendo. Yo me miro y digo ¿de verdad me llamaste a mí? Como Jeremías, o Moisés o cualquier otro le pongo trabas, le digo que no, que no soy lo suficientemente santo como para tan grande tarea que me propone: seguirlo. Pero qué va, le digo todo eso y lo único que logro entender es que él no sabe de pretextos, que le resbalan mis excusas.

Ante su invitación dije que sí, como María, con muchos miedos (aunque muchos creen que María no sentía miedo, que era una diosa más, a esos no les creo yo), también como aquel joven rico del evangelio tuve muchas dudas, pero dije que sí, le creí. Y hoy, me pregunto por qué, no como un reclamo, ni como una muestra de sufrimiento, sino más bien como una total muestra de admiración… hay muchos más santos y muchos más dispuestos que yo… por eso pregunto por qué. Pudo haber sido Andrés, el de las mejores calificaciones en la clase o Enrrique el que se sabía todos los misterios del Rosario. Pero no, se fijó en mí, me invitó a mí. Y yo, ante su invitación dije que sí.

Mi sí no es perfecto, confieso que hay momentos en los que desertar es la opción que más me agrada, no me da miedo decir que a veces dudo de su acción, no voy a mentir diciendo que a veces no tengo ganas de orar y que eso me hace secarme por momentos. Sería injusto negar que a veces me da miedo pensar en lo que trae el futuro si sigo caminando junto a él. Sin embargo, sería también injusto decir que estar con Él no ha sido lo mejor que me ha pasado; estoy seguro que mi duda no es falta de amor, sencillamente es la expresión más sensata de mi humanidad frente a su divinidad. Dudo, porque dudar me ayuda a creer de verdad. Unos me dicen laxo, otros que es falta de fe. Que hay que creer en todo tiempo, que hay que confiar ciegamente, y repito que no estoy a tan magna altura de dignidad como para no enfrentar mis certezas y fortalecerlas. Yo le creo y mi sí, confío, es la prueba de eso.

Hoy no lo entiendo muy bien, y sigo dándole vuelta, e intento entenderlo, pero no, aún no lo alcanzo y creo que quizá nunca lo haga, quizá jamás entienda que ve en mí que yo no veo. No son mis capacidades, de eso estoy seguro, porque entiendo que hay muchos que hacen lo que yo hago y que lo hacen muy bien… no es mi piedad, porque como he dicho a veces carezco de ella, y dudo… no es mi forma de ser porque a veces soy poco cristiano… no es mi perfección, porque bien imperfecto si soy… entonces ¿Qué es?… algo será, quizá su manera de ver más allá de cualquier cosa visible, quizá su manera de mirar a los que ama, quizá su forma de romper convenciones y su interés por un mundo mejor… quizá sea eso, o quizá sea solo amor, quizá sea solo que quiso y lo hizo, me invitó a seguirle en este contexto preciso y esperó a que libremente yo decidiera hacerlo la base de mi felicidad, de mi constante búsqueda de la felicidad.