La presencia de María en el plan divino de la salvación es indiscutible para la Iglesia. Ella, “es introducida definitivamente en el misterio de Cristo a través de este acontecimiento: la Anunciación del Ángel” (Juan Pablo II, Madre del Redentor, 8). Por eso, pensar en María es descubrir cómo se pueden vivir plenamente las virtudes para llegar a vivir la vida de su Hijo. Con justa razón la llamamos “trono de las virtudes”. Pero ¿qué “tips” podría darnos María hoy para vivir con frescura y docilidad en Cristo? Aquí citamos algunos de ellos, tomados y reflexionados desde la exhortación apostólica postsinodal Christus Vivit (Cristo Vive), del papa Francisco:  

La fuerza del sí

Llama profundamente la convicción de la mujer de Nazaret sobre su sí al Señor. María no le dijo sí al Ángel simplemente por salir de paso y tampoco se quedó en una actitud pasiva frente al gran anuncio que el mensajero de Dios le estaba comunicando. Ella pregunta, ella investiga, ella se asesora: en últimas, ella discierne desde su convicción de hacer parte de esta historia de salvación. Y decidida, arriesga todo, sin más seguridad que la certeza de saber que es portadora de una promesa. Por eso es modelo para nosotros: ¿ya sabemos a qué nos ha llamado Dios? ¡Qué esperamos para hacerla! “María tendría, sin dudas, una misión difícil, pero las dificultades no eran una razón para decir no”. Así también a nosotros: las dificultades no son un motivo para decir no. Dirá san Juan Eudes: ¿Es que quieren un Mesías de azúcar? ¡María no compró un seguro de vida! Y, sin embargo, María nos cautiva con la fuerza de su sí, un sí que no conoce dudas en su corazón, pues sabe cuál es su misión en la tierra.

Sin evasiones ante el compromiso

La fuerza del sí de María la hace sostenerse en este compromiso. Aún en el sufrimiento y en el dolor de su Hijo lo sostuvo. Sabía por quién se había arriesgado y estaba decidida a llevar a último término la fuerza de su “sí”. Sin evasiones, sin la cultura del “facilismo” de las cosas. Ella es una mujer de esperanza, porque no evade el compromiso y espera pacientemente. Por eso es esperanza para aquellos que hoy por hoy no se achican y vuelven a comenzar a pesar de los muchos fracasos, pero que han sabido discernir la Voluntad de Dios.

Con los ojos iluminados por el Espíritu Santo

María es la mujer de la alegría porque en ella está el Espíritu Santo formando a Jesús. Contempla la vida con fe y guarda todo en su corazón. Es la que se pone en camino, es “la que va a la periferia”, es la que camina con su pueblo. María, en últimas, es quien nos demuestra que no es de cristianos quedarse con los brazos cruzados y quietos ante las injusticias del mundo. Ella nos pone en salida, quiere que nos involucremos: quiere que estemos al pie de la cruz, acompañando y haciendo algo por nuestros pueblos crucificados.

Que su ejemplo de virtud nos ayude a un compromiso con Dios y con nuestros hermanos.