Proclamar bendición debe ser una actitud permanente del cristiano, lo que pides eso recibes, lo proclamas con tus labios eso también recibes, cuando hemos conocido al Señor, esto se va a evidenciar en que nuestra actitud debe estar en positivo frente a las situaciones cotidianas de la vida, para que esto se dé, debemos dejar que el Espíritu Santo nos encienda con su fuego, ese mismo que iluminó la vida de los apóstoles en Pentecostés.