A los seres humanos Dios nos abrió varias puertas, por medio de nuestro Señor Jesucristo, que es la verdadera clave

La puerta de la vida

Nadie escoge nacer. Hace cien años éramos nada, oscuridad y vacío. Pero Dios nos abrió la puerta de la vida. Nos permitió pasar a la existencia, y todo por pura misericordia suya. Dios mío, por tu poder y bondad infinita, me sacaste de la nada y me creaste a tu imagen y semejanza, te doy gracias por haberme dado la vida y el ser (San Juan Eudes, OC  VIII, 709-710). Habiendo quedado encinta mi madre, volvió en peregrinación con mi padre a dicha capilla, en la que me ofrecieron y consagraron a nuestro Señor (San Juan Eudes, OE 643).

La puerta de una familia

Nadie escoge su familia. Podemos escoger los amigos, los compañeros, los amores… pero la familia la escoge Dios. Él nos abre la puerta de una familia para que sea nuestra familia, nuestro hogar. Hace cien años no pertenecíamos a nuestra familia, pero ahora Él nos abrió esas puertas y nos hizo miembros de un grupo que es nuestra propia y verdadera familia. Dios me concedió la gracia de nacer de un padre y de una madre de mediana condición, temerosos de su Santo Nombre (OE 643).

La puerta es signo de la familia. El Señor pidió a los israelitas untar un poco de sangre en las puertas de sus casas para que el ángel exterminador pasase de largo y esa casa estuviera libre de la muerte (Ex 12, 7. 22-23).

La puerta de una cultura

Nadie escoge su nacionalidad, su terruño, sus costumbres, su idioma… Él, Dios nos abrió las puertas de una patria, de una cultura, de unas tradiciones… Por la gracia de Dios fui concebido, nací y fui bautizado, hice mi primera comunión y prediqué una misión muy llena de bendiciones en Ri, diócesis de Séez, parroquia dedicada a la Santísima Virgen María, su Patrona (OE 643).

La puerta de la fe

Dios nos abrió la puerta de la Iglesia, cuando nos llamó a la fe y al bautismo. Nos hizo miembros de su pueblo, nos incorporó a sí mismo, Él que es la cabeza de la Iglesia. Cuando fuimos bautizados, el sacerdote nos introdujo en la Iglesia. Nos hizo pasar por la puerta de la Iglesia para significar que entrábamos a la comunidad de los creyentes, que nos incorporábamos a Cristo, nuestra Cabeza, que ingresábamos al mundo de la fe cristiana. (OE 370).

Nací el 14 de noviembre de 1601, día miércoles. Fui bautizado el viernes siguiente, al anochecer, en el comienzo del sábado; fui llamado Juan por mi padrino, que llevaba ese nombre y mi madrina se llamaba María (OE 644).

La puerta del cielo

Cristo, a nosotros que tanto hemos pecado y que merecemos el infierno, nos ha abierto, con su muerte y resurrección, las puertas del cielo. Éstas se habían cerrado en tiempos de Elías (1 Re 17, 1). El pueblo suplicaba: Señor que caiga el rocío de la mañana, que llueva el Justo (Is 45, 8). Jesús es el Mesías esperado que llueve del cielo y que reabre los cielos para todos (Lc 3, 21) y, con su muerte y resurrección, nos abre el cielo definitivamente y nos introduce en él:

“Dios nuestro, que por medio de tu Hijo venciste a la muerte y nos has abierto las puertas de la vida eterna, concede a quienes celebramos hoy la pascua de Resurrección, resucitar también a una nueva vida, renovados por la gracia del Espíritu Santo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén (Colecta del Domingo de Pascua).

El cielo es la puerta del Señor, los fieles y vencedores entrarán por ella(Sal 118, 20). Definitivamente Cristo es la clave, con Él se nos han abierto todas las puertas.