Conozco muy bien la rutina de muchos de ustedes, llevan su vida llena de aparatos y botones. Desde que se despiertan están conectados a algo, música en los oídos, mensajes de texto en su celular, internet, chats, Facebook, algunos escasamente ponen cuidado en clase por vivir pendientes de lo que está pasando afuera, afuera de sí mismos.

Cuando llegan a su casa, no hay un solo minuto de silencio, inmediatamente encienden algo, el televisor, el computador, el equipo de sonido, etc., lo que sea que los aleje de sentirse solos consigo mismos…

Conozco muy bien la rutina de muchos de ustedes, llevan su vida llena de aparatos y botones. Desde que se despiertan están conectados a algo, música en los oídos, mensajes de texto en su celular, internet, chats, Facebook, algunos escasamente ponen cuidado en clase por vivir pendientes de lo que está pasando afuera, afuera de sí mismos.
 
Cuando llegan a su casa, no hay un solo minuto de silencio, inmediatamente encienden algo, el televisor, el computador, el equipo de sonido, etc., lo que sea que los aleje de sentirse solos consigo mismos… y así funcionan hasta que se duermen. Les pasan los días, los meses y los años y no se dan cuenta que nunca se permiten acompañarse, que nunca se permiten estar un rato con ustedes mismos.
 
Dicen que son libres, que eligen lo que quieren, que se conocen, pero no es cierto, porque el conocimiento parte de una observación, de mirar al otro, de pasar el tiempo con el otro. Y ustedes son una generación que pasa muy poco o nada de tiempo con ustedes mismos. Los enseñaron a vivir afuera, a sentir afuera, a emocionarse con lo que pasa afuera. Y se les olvidó que sólo quien es una buena compañía para sí mismo, puede ser una buena compañía para los demás.
 
Huyen tanto de estar un tiempo a solas y en silencio, que la vida les va pasando sin darse cuenta sólo haciendo esfuerzos por vivirla como si fuera a acabarse mañana mismo. Espero que entiendan que no estoy criticándolos, ni estoy regañándolos, a mi no me corresponde hacer eso, y además no me gusta criticar a las personas. Eso sí, quiero alertarlos a que no dejen pasar el tiempo sin estar con ustedes mismos.
 
Hay una enorme diferencia entre la soledad y la intimidad. Puedes estar a solas con una persona mucho tiempo, sin que necesariamente lleguen a ser amigos íntimos. Puedes estar solo mucho tiempo, sin que necesariamente haya pasado un solo minuto acompañándote a ti mismo. Es muy importante hacerlo, es vital para el futuro que se den la oportunidad de mirarse, escucharse, leerse, de hacerse caso con las cosas que necesitan, con las que les están gritando desde el fondo del alma que deben ser atendidas.
 
Yo puedo decirles que me conozco bien, que sé muy bien quién soy, lo que quiero, lo que puedo y lo que no puedo hacer. Pero aún más allá, creo que puedo decirles también que soy un buen amigo, que soy una excelente compañía, y no porque quiera ahora ser prepotente, sino porque debo confesar que disfruto mucho el tiempo que estoy solo, me encargo de que los ratos a solas conmigo sean ratos muy profundos, muy llenos de riqueza interior. Los aparatos nos están quitando la interioridad, y no deberíamos dejar que eso pasara. Hay que aprovechar que casi todos tienen un botón de “pausa”, para no dejar en espera nuestra propia vida.
 
Es una urgencia vivir, pero vivir de verdad, en el encuentro con el otro; en la relación cercana y cotidiana con los que amamos, gozándonos la existencia y disfrutando de la presencia real y concreta de los demás; pero eso sólo pasa si me relaciono conmigo, si sé quién soy, si tengo momentos para estar solo y pensar en lo que quiero, lo que necesito, lo que me nutre, me hace bien, me hace feliz. Esa es la vida y a ella quiero invitarte hoy.