La vida se divide en varios momentos: nacimiento, crecimiento, desarrollo y otros más, hasta llegar a la muerte, que se concibe como la última de las fronteras. Existe mucha gente que cree que después de dar ese paso ya no hay más camino y que es el final de los finales.

Nosotros los cristianos conocemos el modelo de Jesús, cuando el hijo de Dios se encarnó y se hizo humano. Vivió un proceso natural igual al nuestro, es más en un inicio más complicado del que vivimos la gran mayoría de las personas, debido a las complicaciones políticas y religiosas, que acabaron con ese terrible final, que ya en la lectura del resucitado sirve para dar mayor realce a la victoria sobre la muerte.

Entonces la propuesta de éste texto es reflexionar sobre los dos momentos, la muerte y la resurrección como el acto de amor de Dios por cada uno de nosotros, que vence la última frontera conocida por el hombre.

La muerte de Jesús fue terrible fue escandalosa, cuesta bastante tratar de poner esa imagen del crucificado en palabras. Es un hombre bueno, que yace colgado en un madero. La mayor de las agravantes de esta triste imagen es que el hombre que está colgado es la realización del amor de Dios por nosotros, ya que nos mandó a su único hijo para que tengamos vida y vida en abundancia.

Lo hermoso y emocionante del relato es que no acaba ahí, la tumba vacía, la piedra movida y las apariciones de Jesús a sus discípulos dan cuenta que se venció la última de las barreras:
Muerte, ¿dónde está tu victoria?

Nuestro Señor nos da esperanza no sólo en la vida eterna, sino aquí en la vida terrenal, si Él venció la muerte nosotros podemos vencer en nuestras luchas, si Él venció la última de las barreras, nosotros podemos vencer el pecado sI Dios con su infinito amor superó lo que creímos insuperable, sus hijos venceremos.