Durante este domingo 24 de junio, día en que la Iglesia celebra la natividad de San Juan Bautista, el Papa Francisco antes del rezo del Ángelus, recordó la importancia de la familia, pues esta es “un santuario de la vida”, y además recordó que los padres durante la gestación del hijo, “actúan como colaboradores de Dios”.

El Santo Padre resaltó que el nacimiento del primo de Jesús “iluminó la vida de sus padres, Isabel y Zacarías, y llenó de alegría y de estupor a sus familiares y vecinos”, pues estos padre ya ancianos, habían soñado y preparado este día, aunque no llegaba, “se sentían excluidos, humillados, decepcionados”. Ante el anuncio del nacimiento de un hijo, Zacarías se mostró incrédulo, y por ello “el Señor dejó mudo a Zacarías durante el tiempo de la gestación”.

El Sumo pontífice reflexiono a esta reacción diciendo: “Dios no depende de nuestras lógicas y de nuestras limitadas capacidades humanas, Es necesario aprender a fiarse y a callar ante el misterio de Dios, y contemplar en humildad y silencio su obra que se revela en la historia y que tantas veces supera nuestra imaginación”.

El pueblo también intuye que con este nacimiento ha sucedido algo grande, sorpresivo, a pesar de ser algo humilde y desconocido, relató el Papa, y el pueblo se pregunta ¿qué será de este niño?

El papa concluyó su explicación invitado a reflexionar sobre ese estupor, sorpresa o agradecimiento en nuestra vida: “¿Cómo es mi fe? ¿Es alegre o plana? ¿He experimentado el estupor cuando he oído hablar de la evangelización? ¿Siento la gracia dentro de mí? ¿Sé sentir el consuelo del Espíritu o permanezco cerrado a Él? ¿Cómo es nuestra fe? ¿Está abierta a las sorpresas de Dios?”.

Finalmente el Santo Padre pidió a la Santísima Virgen que nos “ayude a comprender que cada persona humana tienen la impronta de Dios, fuente de vida”.