De las primeras cosas que aprendí cuando empecé a trabajar como periodista, sin ninguna escuela, fue a enfrentar la hoja en blanco y la mente igual.

Hay que entregar el material para publicación con horas específicas y el cerebro no trabaja de esa forma. Para llegar allí se requiere de una férrea disciplina y de un oficio que a los locos 17 años  no se ha empezado a construir.

Es más, puedo decir que solo hoy, y eso, me pongo en la titánica labor de escribir a voluntad  sobre el tema que se me pasa por la mente. Digamos este blog. Y sin embargo, tengo que darle vueltas en la cabeza a varios temas por días  hasta que finalmente uno me pega.

Otra cosa bien distinta es pensar en un tema interesante ´para el programa de radio de cada día. Porque hay días en los que una se levanta con la mente apagada, aburrida, achantada como dicen los jóvenes y se niega, la mente, a producir nada creativo, ni una pinche idea que le pueda gustar a quienes oyen.

Rebusco toda la prensa de hispana, recorro los países suramericanos y eso me ha mostrado que tan afines somos en las tragedias al menos. Las mismas crónicas rojas terribles que se leen aquí se leen en Argentina, Chile o Perú y qué decir de España.

Hago ese recorrido con el propósito de buscar notas para el programa, pero de paso ver si encuentro un tema sobre el cual hablar y que resulte interesante para mis compañeras de travesía diaria, porque eso es lo que hace que el programa resulte interesante para quien escucha. Que quien habla se interese en el tema y tenga algo que aportar.

A veces uno se despierta brillante y hablar de las alas de las moscas puede lograr un programa divertido, a veces, la dura tarea de ser mamá logra un programa abrumador en culpa que uno no quisiera oír.

Se podría decir que el tema como la lotería acaba siendo un golpe de suerte. A veces cae y a veces pasa cerquita y ni nos toca.