La medicina se ha rodeado de unos protocolos en los cuales pareciera que lo que menos importa es la opinión del paciente que ha sido tan despersonalizado para ese momento, que no se llama Pedro o Juan o Vicky, se llama paciente y se convierte automáticamente en una historia clínica con unos procesos y unos medicamentos. Sus sentimientos, miedos, debilidades o fortalezas, si no tienen que ver con la historia clínica, desaparecen de la mano del nombre.

Nuestro sistema de salud es realmente un negocio en el cual se busca el mínimo de la inversión por el máximo de la utilidad. Tenga claro que si un examen es costoso, van a tratar de evitarlo, y en ese orden de ideas, también los medicamentos y los procedimientos. Así las cosas, los quirófanos no son maravillas tecnológicas, las batas espantosas que usan para los pacientes y demás arandelas serán usados hasta que se desgasten por el uso constante.

En todos los procesos la dignidad del paciente es tratada como un trapo. “Desvístase!” sin importar dónde o en qué condiciones. “Póngase esa bata, siéntese y espere ahí” y la bata se abre con el menor movimiento y el paciente desnudo asustado y vulnerable es tratado como un aparato que espera turno de reparación.

La amabilidad, la deferencia o la ternura se dejan para los familiares, sometidos a un trato casi igual al del enfermo, solo que ellos están sanos y pueden patalear.

Me pregunto dónde quedaron la vocación de servicio, el juramento de Hipócrates, la atención, el respeto y la consideración que se deben a otro ser humano, muchísimo más si este se encuentra en estado de indefensión.

De manera que oh! sorpresa, cuando en una pequeña cirugía a la que fui sometida, hubo respeto, profesionalismo, atención amable de enfermeras y doctoras, una bata que no se abría y estaba relativamente nueva, paciencia con los miedos. Un quirófano moderno e impecable con todos los monitoreos de signos vitales.

¿Por qué, pregunto, lo que debería ser habitual en el trato con las personas, se vuelve una excepción? ¿Por qué nos habituamos a la falta de amabilidad y servicio? ¿Por qué nos es tan difícil entender el mensaje de Jesús de amarnos los unos a los otros y tratarnos como quisiéramos ser tratados?